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El cobre ya no viaja seguro en el desierto de Antofagasta: Bandas que atacan trenes realizaron 34 robos y sustrajeron 169 toneladas este 2026

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Los antecedentes recogidos por Reuters muestran que el robo dejó de ser simplemente una oportunidad aprovechada en medio de una ruta aislada. Las investigaciones de fiscales chilenos describen operaciones coordinadas y métodos que requieren vehículos, personas desplegadas en distintos puntos y una rápida extracción de la carga.

En el desierto de Antofagasta, los mismos trenes que sacan el cobre desde las grandes faenas hacia los puertos están siendo convertidos en objetivos por bandas que conocen las rutas, los tiempos y el valor de la carga. En solo cuatro meses de 2026, los robos a convoyes ya llegaron al 71% de todo lo registrado durante el año pasado.

Mientras los trenes cargados con cobre atraviesan el desierto de Atacama, grupos organizados han encontrado en esas mismas condiciones una oportunidad para atacar. Además, el fenómeno está creciendo rápidamente. De hecho, una investigación de Reuters estableció que durante los primeros cuatro meses de 2026 se produjeron.

De hecho, una investigación de Reuters estableció que durante los primeros cuatro meses de 2026 se produjeron 34 robos a trenes y fueron sustraídas 169 toneladas métricas de cobre. La cantidad representa ya el 71% de todo el cobre robado desde trenes durante 2025. Ese año se contabilizaron 86 ataques, más del doble de los 39 registrados en 2022.

Por eso, más que hablar todavía de un récord anual, los números permiten advertir algo distinto: el ritmo de los ataques durante 2026 está alcanzando niveles inéditos.

Un delito que se volvió más organizado

Los antecedentes recogidos por Reuters muestran que el robo dejó de ser simplemente una oportunidad aprovechada en medio de una ruta aislada. Las investigaciones de fiscales chilenos describen operaciones coordinadas y métodos que requieren vehículos, personas desplegadas en distintos puntos y una rápida extracción de la carga.

Entre las modalidades detectadas existen grupos que se aproximan a los trenes utilizando vehículos capaces de desplazarse por el desierto y personas que intentan acceder a los carros durante el trayecto. En otros casos, los delincuentes aprovechan la reducción de velocidad de los trenes para retirar parte de la carga.

El riesgo también ha aumentado para quienes conducen y operan los convoyes. Durante uno de los ataques registrados este año, los trabajadores fueron atacados con piedras mientras los delincuentes escapaban con cobre.

Un antecedente ocurrido en abril en Estación Los Vientos, en Mejillones, graficó esta nueva dimensión del delito. Un tren que transportaba cátodos desde Calama fue atacado y tres paquetes de cobre fueron sustraídos. La operadora fue intimidada durante el asalto.

Desde FCAB calificaron entonces el episodio como un punto de inflexión por el nivel de violencia contra sus trabajadores y advirtieron que el problema ya no era solamente operacional, sino también de seguridad para las personas.

¿Por qué el cobre es el objetivo?

La respuesta está en el valor concentrado de la carga. Los cátodos de cobre son un producto de exportación de alto valor y forman parte de una cadena que comienza en las faenas mineras y termina en los puertos del norte.

El metal robado, además, puede ingresar posteriormente a circuitos ilegales de comercialización. Según Reuters, parte del cobre sustraído es vendido a desarmadurías o depósitos ilegales, donde puede ser fundido para eliminar sus marcas de identificación y posteriormente salir del país presentado como chatarra.

El atractivo económico no es menor. Solo el cobre sustraído desde trenes que transportaban producción de Chuquicamata durante 2025 fue valorizado en aproximadamente US$2,4 millones, según antecedentes citados por Reuters.

El desierto como escenario

La mayor concentración del problema está en el norte, particularmente en la Región de Antofagasta, donde una extensa red ferroviaria conecta faenas mineras con los terminales portuarios.

El FCAB opera alrededor de 700 kilómetros de vías y transporta cobre proveniente tanto de sus propias operaciones como de otras compañías mineras. Entre las cargas atacadas aparecen convoyes asociados a Chuquicamata, de Codelco, y El Abra, de Freeport-McMoRan.

Las condiciones geográficas son parte del desafío: largos tramos desérticos, escasa infraestructura y zonas con limitada cobertura de comunicaciones hacen más difícil responder rápidamente ante un ataque.

Y las bandas también parecen haber aprendido de las medidas implementadas para detenerlas. Reuters señala que incluso trenes equipados con estructuras de protección han vuelto a ser atacados, una señal que la propia compañía ferroviaria interpretó como una mayor capacidad de adaptación y coordinación de los grupos criminales.

En abril, además, las autoridades desarticularon una organización vinculada al contrabando de cobre que habría movilizado alrededor de US$917 millones en metal entre 2020 y 2025, mostrando que detrás de estos robos existe un mercado mucho mayor que la carga desaparecida de un solo tren.

El cobre continúa saliendo de las faenas rumbo a los puertos. Pero en el desierto de Antofagasta, el trayecto entre ambos puntos se ha convertido también en un nuevo frente contra el crimen organizado.

Alto valor del cobre

El cobre se ha convertido en un objetivo especialmente atractivo para las bandas delictuales debido a su elevado valor: al 2 de septiembre de 2026, el metal refinado se cotiza internacionalmente en torno a US$6,55 por libra, equivalente a unos US$14,44 por kilo.

En el mercado chileno de reciclaje, los valores publicados fluctúan aproximadamente entre $5.500 y $8.300 por kilo, dependiendo de si corresponde a cobre mixto, esmaltado o cable limpio de primera calidad.

Esta diferencia permite entender por qué son robados cables eléctricos y de telecomunicaciones, cañerías, bobinas, barras e incluso cátodos transportados por tren: pueden venderse rápidamente como chatarra, fundirse para dificultar su identificación o enviarse al extranjero ocultando su origen.

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