El robo de cobre volvió a golpear a la Región de Antofagasta luego de que una investigación policial permitiera desarticular una organización dedicada a sustraer grandes cantidades del metal rojo para posteriormente trasladarlo fuera del país y comercializarlo en mercados internacionales, principalmente a través de rutas vinculadas con Perú. El procedimiento dejó decenas de detenidos, incautaciones millonarias y puso nuevamente en evidencia el interés del crimen organizado por uno de los recursos estratégicos de Chile.
Según los antecedentes conocidos desde Santiago, el operativo permitió la detención de 23 personas vinculadas a una estructura criminal que operaba en distintas comunas del norte, aprovechando la cercanía con pasos fronterizos y corredores logísticos para sacar el cobre robado desde la región. En los allanamientos se recuperaron cerca de 18 toneladas del mineral, además de vehículos y otras especies asociadas a la actividad ilícita.
Robados desde faenas mineras
La investigación estableció que el cobre era sustraído desde instalaciones industriales, faenas mineras, tendidos eléctricos y centros de acopio, para luego ser procesado y trasladado hacia zonas fronterizas. El objetivo final era introducirlo en circuitos de comercialización internacional donde resulta difícil rastrear el origen del material una vez fundido o mezclado con cargamentos legales.
Las policías y la Fiscalía han advertido que este tipo de delitos ya no corresponde a bandas improvisadas. Se trata de organizaciones con logística, financiamiento, transporte, bodegaje y redes comerciales capaces de mover toneladas de cobre a través de distintos países.
La situación preocupa especialmente en Antofagasta debido a que la región concentra algunas de las mayores operaciones mineras del planeta y gran parte de la infraestructura energética y ferroviaria asociada a la producción de cobre chilena. Cada robo genera pérdidas económicas directas, interrupciones operacionales y riesgos para trabajadores y comunidades.
$500 millones de pérdidas
El fenómeno no es nuevo. Durante los últimos años, la Fiscalía Regional de Antofagasta y unidades especializadas de Carabineros han desbaratado diversas organizaciones dedicadas al robo de cátodos, cables y concentrados. En noviembre de 2025, otra banda fue vinculada a nueve asaltos contra faenas mineras, trenes y camiones de transporte de cobre, con pérdidas cercanas a los $500 millones.
Las investigaciones también han comenzado a seguir la denominada “ruta del dinero”, incorporando delitos de lavado de activos y asociación criminal. El objetivo es no sólo detener a quienes ejecutan los robos, sino también identificar a quienes financian, compran, transportan y exportan el cobre sustraído.
Las autoridades sostienen que el atractivo del cobre para las organizaciones criminales radica en su alto valor internacional y en la facilidad para ocultar su origen una vez que ingresa a cadenas de comercialización informal. El crecimiento de este mercado ilícito ha obligado a reforzar controles aduaneros, patrimoniales y fronterizos en el norte del país.
En una región donde la minería representa el principal motor económico, el avance de estas redes constituye una amenaza directa para la producción, la seguridad industrial y la recaudación fiscal. Por ello, las autoridades han señalado que la persecución del robo de cobre seguirá siendo una prioridad en Antofagasta y en todo el corredor minero del norte de Chile.



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