El desierto de Atacama, reconocido mundialmente por albergar uno de los patrimonios arqueológicos más importantes de Sudamérica, enfrenta nuevamente cuestionamientos respecto a la protección de sus vestigios prehispánicos.
La Fundación Desierto de Atacama denunció que una antena de telecomunicaciones instalada en el sector de La Encañada, comuna de María Elena, Región de Antofagasta, habría provocado daños parciales sobre geoglifos con más de mil años de antigüedad, declarados monumentos arqueológicos y protegidos por la legislación chilena.
La denuncia fue difundida por la organización a través de sus redes sociales, luego de analizar imágenes aéreas que permitieron identificar la intervención sobre las figuras, cuya existencia se mantiene prácticamente intacta gracias a las condiciones climáticas extremas del desierto más árido del planeta.
Según explicó la fundación, aunque las estructuras de telecomunicaciones habrían sido instaladas hace más de dos décadas, el daño solo pudo constatarse recientemente mediante registros obtenidos desde el aire.
Un patrimonio único conservado por el clima del desierto
Los geoglifos del Desierto de Atacama constituyen una de las mayores concentraciones de arte rupestre a gran escala del continente. De acuerdo con información del Consejo de Monumentos Nacionales, estas figuras fueron elaboradas por pueblos prehispánicos entre los años 700 y 1.500 d.C., utilizando piedras, tierra y otros materiales disponibles en la superficie del desierto.
Los investigadores sostienen que estas representaciones cumplían diversas funciones, principalmente como señales para orientar las caravanas que recorrían antiguas rutas comerciales entre la costa del Pacífico, la cordillera de los Andes, los valles interiores y la Pampa del Tamarugal. Además de su utilidad práctica, también tendrían un importante significado ceremonial y simbólico para las comunidades que habitaron el territorio.
Su extraordinario estado de conservación responde a las condiciones ambientales del desierto de Atacama. La escasez de precipitaciones, la baja presencia de vegetación y la limitada erosión superficial han permitido que numerosos geoglifos permanezcan visibles durante siglos, convirtiéndose en un registro excepcional del pasado precolombino.
La denuncia apunta a una intervención sobre monumentos arqueológicos
De acuerdo con declaraciones del presidente de la Fundación Desierto de Atacama, el arqueólogo Gonzalo Pimentel, publicadas por The Clinic, la organización desconoce qué empresa instaló la infraestructura de telecomunicaciones.
“Desconocemos qué empresa instaló las antenas, aunque tampoco actuamos como persecutores legales de estas malas prácticas empresariales. Eso le corresponde a los organismos pertinentes, como el Consejo de Monumentos Nacionales”, señaló Pimentel al medio.
En Chile, la Ley de Monumentos Nacionales establece que todos los sitios arqueológicos forman parte del patrimonio nacional y están protegidos por el Estado, independientemente de que se encuentren en terrenos públicos o privados. Cualquier intervención que pueda afectar estos bienes requiere autorización previa del Consejo de Monumentos Nacionales.
Una protección legal que no siempre se traduce en resguardo efectivo
La Fundación sostiene que el principal problema no radica únicamente en la existencia de una normativa, sino en la ausencia de mecanismos permanentes de protección en terreno.
En declaraciones recogidas por The Clinic, Gonzalo Pimentel afirmó que “la legalidad por sí misma no asegura la protección física del bien, estando la mayoría de los sitios sin un resguardo real que aseguren su integridad y conservación en el tiempo”.
No es la primera vez que la organización advierte sobre amenazas al patrimonio arqueológico del desierto. Durante 2024 denunció el paso de miles de motocicletas y camionetas sobre geoglifos durante competencias todoterreno, tanto autorizadas como ilegales, que atravesaban extensos circuitos en el norte del país.
Posteriormente, también cuestionó la restauración del Geoglifo de Talabre tras daños asociados a actividades industriales, situación que volvió a poner en debate la relación entre el desarrollo económico y la conservación patrimonial.
El debate sobre el futuro del patrimonio del desierto
Para la Fundación Desierto de Atacama, los daños registrados responden a una visión histórica centrada principalmente en la explotación de los recursos naturales del territorio.
Según consignó The Clinic, Pimentel sostuvo que “el actual modelo extractivista que promueve el Estado y las grandes empresas ha sido el principal responsable de la poca o nula protección que poseen o, más bien, de su acelerada destrucción”.
El arqueólogo también planteó la necesidad de avanzar hacia una política pública específica para la protección de los geoglifos, similar a la existente en Perú con la Reserva Arqueológica de las Líneas y Geoglifos de Nasca, un área protegida de más de 5.600 kilómetros cuadrados declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.
“Se requiere urgente de una política estatal integral que asegure su protección. No sólo poseen un alto valor arqueológico, histórico y social, sino que también pueden producir valor económico. Es cosa de ver lo que ha hecho Perú desde hace varias décadas con los geoglifos de Nasca”, indicó Pimentel a The Clinic.
Finalmente, el presidente de la fundación cuestionó que parte de las iniciativas de conservación sean impulsadas por empresas que, según la organización, también han participado en intervenciones sobre estos sitios arqueológicos.
Para la entidad, la protección del patrimonio del desierto de Atacama debe ser liderada por el Estado en coordinación con el Consejo de Monumentos Nacionales, las comunidades y las organizaciones de la sociedad civil, con el objetivo de garantizar la conservación de uno de los testimonios culturales más valiosos del norte de Chile para las futuras generaciones.



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