Copiapó se prepara para vivir la quinta versión del Carnaval Renacer Andino del Sol Minero, encuentro cultural que se realizará los días 28 y 29 de agosto y que busca rendir un reconocimiento a la actividad minera, fortalecer las tradiciones andinas y convertirse en un acontecimiento permanente dentro del calendario regional.
Joshiam Opazo, integrante de la directiva de la agrupación organizadora, explicó en Atacama Escucha con Pancho Madero que el nombre del carnaval responde a la intención de relevar la importancia histórica y económica de la minería para Copiapó. Por esa razón, el encuentro se desarrolla durante agosto, mes tradicionalmente dedicado a esta actividad.
La agrupación nació el 19 de abril de 2019, luego de que varios de sus integrantes decidieran cerrar un ciclo de casi una década en otra organización para explorar nuevas experiencias culturales. Actualmente reúne a cerca de 60 personas, desde niñas y niños hasta adultos de aproximadamente 39 años.
Bailarines con el transporte público
Pese a su tamaño, la organización del carnaval recae principalmente en cinco integrantes de su directiva. El trabajo comprende la coordinación de agrupaciones, permisos, seguridad, financiamiento y definición del recorrido por las calles de la capital de Atacama.
Para esta edición se escogió un trayecto por avenida Circunvalación, desde el sector donde se encuentra el liceo Tecnológico hasta las inmediaciones de la rotonda de avenida Diego de Almagro. Según Opazo, la planificación debe compatibilizar el desplazamiento de los bailarines con el transporte público y el funcionamiento cotidiano de la ciudad.
El financiamiento representa uno de los principales desafíos. Las agrupaciones recurren a cuotas de sus integrantes, rifas, venta de platos únicos, presentaciones remuneradas y aportes municipales o de empresas mineras. A ello se suma el costo de los trajes, cuyo valor varía según la danza y que, en algunos casos, puede resultar difícil de asumir para las familias.
Más allá del espectáculo, Opazo destacó el sentido emocional, comunitario y espiritual de la danza. “Es el momento que uno espera para despegarse del mundo real, de los problemas, divertirse, compartir y darle alegría a otra persona”, expresó.
Las motivaciones, agregó, son diversas: algunos danzan como agradecimiento a Dios o la Virgen; otros lo hacen en reconocimiento a la Pachamama o al Tata Inti, mientras muchas personas participan para continuar una tradición familiar. En su caso, comenzó a bailar cuando tenía seis o siete años y decidió permanecer vinculado por el cariño a la danza y el interés creciente por la cultura andina.
Dependencias de nuevas generaciones y recursos
El dirigente sostuvo que la continuidad del folclore depende especialmente de las nuevas generaciones. Sus hijas participan en la agrupación y, como ellas, numerosos niños y niñas se han incorporado a las danzas. “Ahí es donde uno tiene que cultivar y enseñar la cultura”, señaló.
La convocatoria ha experimentado un crecimiento significativo. Opazo recordó que, hace aproximadamente 15 años, los carnavales de Copiapó reunían solamente a dos agrupaciones. En esta quinta edición del Renacer Andino del Sol Minero se espera la presencia de cerca de 27, con bailarines provenientes de ciudades ubicadas entre Arica y Valdivia.
Algunas agrupaciones locales, que habitualmente cuentan con cerca de 40 integrantes, podrían presentarse con delegaciones de entre 100 y 150 personas gracias a la participación de sus filiales. La aspiración de los organizadores es que el encuentro alcance, con el paso de los años, una convocatoria similar a la del Carnaval Andino con la Fuerza del Sol de Arica.
“Queremos que la gente espere el carnaval, que pregunte cuándo será y que diga: ‘Está el carnaval en Copiapó, vamos a conocer Copiapó’”, afirmó Lopazo. La meta es que la celebración se transforme en un atractivo cultural y turístico vinculado directamente con la identidad de Atacama.
El representante también solicitó una participación más decidida de las autoridades y las empresas mineras. Aunque reconoció el respaldo entregado por el municipio y el Gobierno, planteó la necesidad de establecer un aporte anual que permita planificar el evento sin tener que gestionar nuevamente los mismos recursos en cada edición.
Finalmente, pidió mayor flexibilidad en la entrega de permisos y una mejor comprensión institucional de las expresiones culturales andinas. “Esto es alegría y compartir. Bailamos para la gente. Queremos que nos apoyen para que el carnaval crezca y quede establecido para siempre”, concluyó.



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