En un paso inédito hacia un transporte público más inclusivo, la Región de Antofagasta comenzó a implementar el uso del lanyard verde con girasoles, un símbolo internacional que permite identificar a personas con discapacidades o condiciones no visibles, facilitando que conductores y otros usuarios puedan reconocer sus necesidades de apoyo durante los desplazamientos.
La iniciativa, denominada «Transporte inclusivo: reconociendo las discapacidades invisibles», marca un avance en materia de accesibilidad dentro del sistema de locomoción colectiva de la capital regional, especialmente tras la reciente implementación del pago electrónico en buses, que modificó la forma en que los pasajeros acceden al servicio.
¿Qué significa el lanyard verde con girasoles?
El cordón verde con girasoles es un distintivo utilizado en distintos países para señalar que una persona presenta una discapacidad o condición que no es evidente a simple vista, como el trastorno del espectro autista (TEA), trastornos del procesamiento sensorial u otras condiciones neurodivergentes. Su uso se popularizó inicialmente en aeropuertos y hoy comienza a extenderse a otros espacios públicos.
Con esta identificación, los conductores pueden comprender que el pasajero podría requerir más tiempo para abordar, mayor comprensión durante el viaje o un trato adaptado a sus necesidades, sin necesidad de que la persona explique su condición.
Un cambio impulsado por el nuevo sistema de transporte
La implementación coincide con la modernización del transporte público en Antofagasta, donde desde el 1 de julio comenzó a operar el sistema de pago electrónico mediante tarjeta, eliminando el uso de dinero en efectivo.
Fue precisamente este cambio el que evidenció situaciones complejas para algunos pasajeros con discapacidades no visibles, motivando el trabajo conjunto entre la Seremi de Transportes y Telecomunicaciones, organizaciones sociales, representantes del transporte público y la comunidad educativa.
El seremi de Transportes y Telecomunicaciones de Antofagasta, Pablo Venandy, explicó que tras conocer la problemática convocaron a las líneas de taxibuses para impulsar una solución basada en un símbolo de reconocimiento internacional.
La autoridad destacó que, además de distribuir los lanyards, se instalaron adhesivos informativos en los buses y se desarrollaron acciones de sensibilización con los conductores para que puedan identificar correctamente este distintivo y entregar una atención más inclusiva.
Capacitación para los conductores
Las líneas de transporte comenzaron un proceso de capacitación previo a la puesta en marcha de la iniciativa. Según explicó el representante legal de las líneas 107 y 108, Alberto Rodríguez, muchos conductores desconocían que existen discapacidades que no son visibles físicamente, por lo que la capacitación permitió aclarar dudas y comprender mejor las distintas realidades de los usuarios.
Desde las empresas señalaron que la experiencia fue bien recibida por los choferes y que esperan replicar este tipo de formación con más operadores del transporte público de la ciudad.
Un modelo que podría extenderse
Uno de los aspectos más innovadores de la iniciativa es la incorporación de un símbolo ya reconocido internacionalmente en un servicio de transporte urbano, promoviendo una cultura de inclusión que trasciende la infraestructura y pone el foco en la interacción cotidiana entre pasajeros y conductores.
Los impulsores del proyecto destacan que el objetivo no es otorgar un trato preferencial, sino facilitar el reconocimiento de condiciones que muchas veces pasan inadvertidas, favoreciendo desplazamientos más seguros, autónomos y respetuosos para quienes conviven con discapacidades invisibles.
La experiencia comenzó con estudiantes de una escuela especial
La implementación tendrá su primera etapa con estudiantes de la Escuela Especial Juan Sandoval Carrasco, quienes comenzarán a utilizar el lanyard verde con girasoles durante sus viajes en locomoción colectiva.
La iniciativa nació a partir de las dificultades que enfrentaban algunos alumnos al utilizar la Tarjeta Nacional Estudiantil (TNE), ya que muchos tienen entre 8 y 26 años y, debido a que sus discapacidades no son visibles, surgían confusiones con algunos conductores respecto a su condición.
El proyecto fue desarrollado en conjunto por la Escuela Especial Juan Sandoval Carrasco, su Centro General de Padres, la Seremi de Transportes y Telecomunicaciones, Fundación Psiconecta, Corporación Formatea y ADUTAX, con la expectativa de que este modelo pueda ampliarse a más usuarios y consolidarse como una práctica permanente de inclusión en el transporte público de Antofagasta.



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