La severa erosión del suelo y el avance implacable de la aridez en el norte chico exigen respuestas operativas a gran escala. Ante este escenario, la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM) lidera el plan “Transferencia piloto de re-forestación con recuperación de suelos, producción de forrajeo”, una iniciativa estratégica financiada por el Gobierno Regional de Coquimbo a través del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) con una inversión de $300 millones.
El corazón de la propuesta busca combatir la desertificación y recuperar suelos degradados mediante la restauración del bosque nativo, combinando investigación de vanguardia con las necesidades cotidianas de los habitantes de la zona. Para lograrlo, el proyecto contempla la construcción de tres viveros tecnificados en sectores rurales de Paihuano, Andacollo y Ovalle, lo que permitirá la plantación de mil árboles nativos en tres predios piloto que abarcan tres hectáreas.
Las especies arbóreas seleccionadas —entre las que destacan chañares, algarrobos y atriplex— no solo servirán como barrera de protección ambiental, sino que darán vida a un modelo agroforestal que combina la conservación ambiental con la producción sustentable de forraje para la ganadería caprina, una de las actividades económicas más tradicionales y vulnerables de la región.
Biotecnología y análisis molecular para crear bosques funcionales
El distintivo de este programa radica en su rigor científico. La iniciativa rompe con los esquemas de reforestación tradicional al utilizar herramientas biotecnológicas para asegurar la supervivencia de los árboles y acelerar la recuperación ecosistémica.
La académica del Departamento de Biotecnología de la UTEM, Constanza Morales Neghme, resalta las virtudes biológicas de la flora autóctona: “Vamos a trabajar con el chañar y con el algarrobo. Estas especies formaron parte del bosque nativo en tiempos ancestrales y presentan asociaciones bacterianas capaces de fijar nitrógeno y promover el crecimiento vegetal”.
El protocolo biotecnológico se ejecutará mediante:
Caracterización de bacterias benéficas alojadas en la rizósfera de la flora nativa para enriquecer la calidad de la tierra.
Análisis genético mediante técnicas de biología molecular (PCR) al 10% de los ejemplares, lo que garantiza resguardar la diversidad genética de las plantaciones y aumentar su resiliencia frente al cambio climático.
En el desglose institucional, la UTEM asume la dirección científica, los estudios microbiológicos, la propagación vegetal y la gestión pedagógica. En tanto, el Instituto Forestal (INFOR) ejecuta las labores de forestación con tecnologías especializadas, contando con el respaldo de la Corporación Nacional Forestal (CONAF).
Educación y cohesión social: transferencia a territorios
El valor del programa trasciende la barrera agronómica al situar a las comunidades rurales y a los establecimientos educacionales en el centro de la estrategia. La cobertura social abarca el trabajo directo con tres organizaciones clave: la Comunidad Estero Derecho, la Comunidad La Caldera y Damas, y la Asociación Gremial de Comunidades Agrícolas de la Provincia del Limarí.
En el plano educativo, más de 300 estudiantes de escuelas rurales participarán en talleres, visitas guiadas y actividades de educación ambiental. El director del Centro de Facultad de Ciencias Naturales, Matemática y del Medio Ambiente de la UTEM, Andrés Sepúlveda Peñaloza, subraya la relevancia de este enfoque: “Este proyecto genera una transferencia tecnológica para acompañar a las personas, desde los niños hasta las organizaciones sociales, recogiendo el conocimiento local para construir una comprensión integral del territorio”.
En esa misma línea, el director del proyecto y académico de la UTEM, Luis Pouchucq Marinkovic, afirma que la iniciativa “combina investigación científica, trabajo colaborativo y participación comunitaria para enfrentar uno de los principales desafíos ambientales de la región”. Como testimonio de este compromiso pedagógico, durante la inauguración de las obras se presentaron los textos “Manual básico para el uso y manejo de viveros de propagación” y “Manual de buenas prácticas para la pequeña agricultura y ganadería de la Región de Coquimbo”.
Esperanza rural y consolidación del modelo ecosistémico
La articulación de este ecosistema multidisciplinario ha despertado amplias expectativas entre las familias de los sectores secanos. La presidenta de la Asociación Gremial de Comunidades Agrícolas de la Provincia del Limarí, Mirtha Gallardo Saavedra, recalca que la fuerza del programa estriba en la unidad: “Esta alianza entre la academia, los profesionales, el Gobierno y la sociedad civil reúne a estudiantes, campesinos, comuneros y dirigentes en torno a un objetivo común y esperanzador”.
Durante la presente temporada se mantendrá el avance en la habilitación de infraestructura, el inicio de las jornadas de plantación, el monitoreo analítico de los predios y los módulos educativos, consolidando un modelo de restauración ecológica que contribuya a frenar la desertificación y fortalecer el desarrollo sustentable en la Región de Coquimbo.



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