“Ir puerta a puerta, escuchar a los vecinos y convertir las necesidades en proyectos concretos”. Esa es la definición que hace Marcelo Salazar sobre el rol de un dirigente social, una labor que ha desarrollado durante 25 años en distintas juntas de vecinos de Copiapó y que hoy desempeña como presidente de la Junta de Vecinos Jardines del Palomar.
En conversación con Atacama Escucha con Pancho Madero, Salazar reflexionó sobre los desafíos que enfrentan las organizaciones territoriales, la necesidad de formar nuevos dirigentes y las dificultades que implica gestionar proyectos en una época donde gran parte de la relación con el Estado se realiza mediante plataformas digitales.
La dirigencia vecinal: mucho más que representar a un barrio
Para Marcelo Salazar, presidir una junta de vecinos implica asumir una responsabilidad permanente con la comunidad. Explica que el trabajo no termina en organizar reuniones, sino que también consiste en orientar a quienes recién comienzan en el mundo del liderazgo social.
Según plantea, uno de los principales desafíos es que muchos dirigentes asumen cargos sin contar con capacitación suficiente para enfrentar procesos administrativos, formular proyectos o utilizar herramientas tecnológicas que hoy son indispensables.
“Todos los proyectos y postulaciones se hacen mediante plataformas digitales. Muchos dirigentes son adultos mayores y necesitan apoyo para aprender computación y manejar estas herramientas”, señaló.
Por ello, sostiene que municipios, gobiernos regionales y servicios públicos deberían impulsar programas permanentes de formación en competencias digitales, formulación de proyectos, liderazgo y gestión comunitaria, fortaleciendo así el rol de las juntas de vecinos como uno de los principales vínculos entre el Estado y los barrios.
Más allá de la vocación de servicio, la falta de capacitación se ha transformado en una brecha que limita el trabajo de cientos de dirigentes sociales. La creciente digitalización del Estado exige postular proyectos, rendir recursos, solicitar audiencias y gestionar beneficios casi exclusivamente a través de plataformas en línea, un escenario que deja en desventaja a muchos líderes vecinales, especialmente adultos mayores o personas sin formación tecnológica.
Para Marcelo Salazar, esta realidad no solo dificulta acceder a financiamiento, sino que también puede profundizar las desigualdades entre organizaciones con mayor capacidad técnica y aquellas que dependen únicamente del voluntariado.
Del problema del barrio a un proyecto financiado
Salazar explicó que el éxito de una organización depende de escuchar a los vecinos y transformar sus necesidades en iniciativas concretas.
Como ejemplo recordó uno de los proyectos más significativos impulsados por la Junta de Vecinos Jardines del Palomar: la instalación de nueva iluminación en su condominio mediante recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), específicamente a través de la glosa de seguridad.
La iniciativa nació luego de que los propios residentes manifestaran su preocupación por sectores oscuros que afectaban la seguridad de niños y adultos mayores.
Tras realizar reuniones, definir prioridades, elaborar el proyecto y competir con decenas de organizaciones sociales, lograron adjudicarse los recursos.
“Cuando supimos que habíamos ganado el proyecto fue una gran alegría. Incluso hicimos una celebración con los vecinos porque sabíamos lo difícil que era obtener ese financiamiento”, recordó.
El dirigente explicó que en cada convocatoria postulan cientos de organizaciones, mientras que los recursos solo alcanzan para una parte de ellas, por lo que insiste en que preparar buenos proyectos y trabajar colaborativamente resulta fundamental.
El desafío pendiente: atraer a las nuevas generaciones
Después de más de dos décadas como dirigente, Marcelo Salazar considera que uno de los mayores riesgos para las organizaciones comunitarias es la falta de renovación.
A su juicio, cuesta que los jóvenes se involucren porque muchas veces desconocen cómo funcionan las juntas de vecinos o sienten que no cuentan con las herramientas necesarias para asumir responsabilidades.
Por ello llamó a abrir espacios para que nuevas generaciones participen y reciban el conocimiento acumulado por dirigentes con experiencia.
También sostuvo que la participación ciudadana sigue siendo la principal herramienta para mejorar los barrios.
“Si en un sector no existe una organización, basta reunir a 15 personas para formar un comité de seguridad y comenzar a trabajar por la comunidad”, afirmó.
Finalmente, invitó a los vecinos a acercarse al municipio, al Gobierno Regional, a las secretarías ministeriales y a todas las instituciones públicas que entregan asesoría a organizaciones sociales.
“Lo importante es organizarse. Hay muchas herramientas disponibles y siempre habrá alguien que pueda orientar. Lo peor es quedarse pensando que los problemas del barrio no tienen solución”, concluyó.



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