Las fronteras del norte chileno han vuelto a consolidarse como zonas de absoluta vulnerabilidad, donde el crimen organizado transnacional no solo opera con alarmante soltura, sino que goza de una recepción institucional al otro lado de la cordillera. La reciente denuncia formalizada por el diputado por la Región de Antofagasta, Sebastián Videla, ha destapado un escándalo de proporciones diplomáticas: el uso de una camioneta con encargo policial vigente por robo en Chile por parte del mismísimo gobernador de Cochabamba, Leonardo Loza.
Este hallazgo trasciende el delito común; funciona como un crudo espejo de crítica social que evidencia la total impunidad, la permeabilidad de los pasos fronterizos altiplánicos y una escandalosa naturalización del contrabando vehicular en las esferas del poder político del país vecino.
La gravedad del antecedente expuesto por el parlamentario motivó un oficio directo al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, exigiendo que se active de forma perentoria la vía diplomática para que el Gobierno de Bolivia esclarezca el origen de la camioneta roja marca Toyota, cuya patente chilena TZ-WL-35 mantiene una orden de búsqueda activa bajo el registro EUN: 666051. Para los ciudadanos del norte chileno, quienes sufren a diario el flagelo de encerronas y robos de vehículos destinados a las faenas mineras o al uso familiar, constatar que los automóviles sustraídos terminan siendo utilizados con total descaro como vehículos oficiales de autoridades regionales bolivianas representa un insulto a la soberanía y una burla directa a los esfuerzos locales de seguridad pública.
El despliegue en Bolivia y el emplazamiento a la Cancillería chilena
Frente a la inacción histórica que ha caracterizado el control aduanero en la macrozona norte, el diputado independiente pro PPD se trasladó directamente al territorio boliviano para ejercer labores de fiscalización y trabajar en el fortalecimiento de los protocolos bilaterales de recuperación oportuna de vehículos.
Videla calificó el escenario como «inaceptable» y exigió a ambos gobiernos la máxima rigurosidad y transparencia para determinar con precisión matemática la trazabilidad del vehículo: cómo ingresó a Bolivia, quiénes facilitaron su traslado por pasos presuntamente inhabilitados y bajo qué amparo legal o administrativo terminó en manos del jefe regional de Cochabamba.
“Las autoridades bolivianas deben entregar todos los antecedentes y colaborar activamente para determinar cómo llegó esta camioneta a Bolivia, quiénes participaron en su traslado y por qué terminó siendo utilizada por una autoridad regional”, emplazó el legislador, transformando el caso en una prueba de fuego para las relaciones internacionales y los comités de fronteras.
Una red delictiva transfronteriza que la diplomacia no logra frenar
El escándalo de la camioneta del gobernador Loza devela que el mercado negro de los vehículos «chutos» en Bolivia ya no se remite a transacciones periféricas en ferias rurales de Oruro o el Chapare, sino que ha permeado las estructuras formales del Estado plurinacional. Esta realidad vuelve a poner en tela de juicio la efectividad de las administraciones gubernamentales de ambos países para combatir el crimen organizado.
De nada sirven las promesas de modernización tecnológica en las aduanas de la Segunda Región si los automóviles robados cruzan la cordillera para terminar convertidos en el transporte oficial del poder político boliviano, demostrando que la justicia territorial en el norte chileno sigue siendo frenada por la corrupción y la inoperancia en los límites de nuestra frontera.



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