La incorporación de mujeres a la minería chilena ha avanzado con fuerza durante las últimas décadas, pero detrás de las actuales cifras existe una historia marcada por prohibiciones legales, prejuicios y barreras culturales. Una de quienes vivió directamente ese proceso es Juana Irrazábal, trabajadora de El Salvador y actual tesorera de la Federación de Trabajadores del Cobre (FTC), quien relató su experiencia en el programa “Nosotras Somos Minería” de Radio Madero.
Irrazábal proviene de una familia estrechamente vinculada a la actividad minera. Su padre trabajó durante 35 años en El Salvador y anteriormente estuvo ligado al antiguo campamento Mina Vieja, posteriormente asociado al desarrollo de la mina San Antonio.
“Yo fui criada en una familia minera, con todos sus mitos y creencias”, recordó. Entre ellos estaba una idea que durante décadas circuló en distintos yacimientos: que las mujeres no debían ingresar a una mina subterránea porque su presencia podía traer “mala suerte”, derrumbes o accidentes.
La exclusión no fue solamente cultural. Hasta comienzos de la década de 1990, la legislación laboral chilena contenía restricciones expresas al trabajo femenino en faenas mineras subterráneas, reflejo de una concepción que, bajo el argumento de proteger a las trabajadoras, terminaba restringiendo su acceso a determinadas ocupaciones.
De un hospital de El Salvador a la mina subterránea
Irrazábal comenzó su trayectoria profesional en el área de la salud. Se desempeñó como paramédico y arsenalera en el hospital de El Salvador, que entonces pertenecía a Codelco. Posteriormente surgió la posibilidad de trasladarse al policlínico asociado a la mina subterránea.
Su llegada tuvo, además, una dimensión personal. Su padre ya había fallecido y entrar al mundo en que él había trabajado durante décadas significó enfrentarse directamente a las creencias con las cuales había crecido.
“Yo conversaba para mí adentro y decía: ‘Papá, cuándo te ibas a imaginar tú que tu hija iba a venir a la mina’”, relató.
Su primer traslado en el bus que llevaba a los trabajadores a la faena dejó inmediatamente en evidencia que estaba ingresando a un espacio prácticamente masculino. Las bromas y la sorpresa inicial dieron paso, sin embargo, a una relación laboral que Irrazábal recuerda como mayoritariamente respetuosa.
El obstáculo más importante apareció cuando quiso conocer el interior de la mina.
Su argumento era estrictamente profesional: si debía atender una emergencia, necesitaba conocer las instalaciones y saber cómo desplazarse por ellas. Inicialmente, recuerda, sólo recibió autorización para llegar hasta determinados sectores, como el taller mecánico.
Con el tiempo, la confianza de supervisores, capataces y trabajadores permitió que pudiera internarse más profundamente y conocer una operación que avanzaba cientos de metros bajo tierra.
“Después me entraron ya de lleno a la mina, a conocer”, explicó, recordando la impresión que significó descubrir la profundidad a la que se encontraba mientras recorría las galerías.
“La incorporación de la mujer, pero no a cualquier costo”
Para Irrazábal, uno de los errores que puede cometer la industria es convertir la inclusión femenina exclusivamente en una estadística.
La dirigenta reconoce el avance experimentado por la minería chilena, especialmente con la incorporación de operadoras y trabajadoras en funciones históricamente masculinizadas. Sin embargo, advierte que aumentar porcentajes no necesariamente significa alcanzar una inclusión laboral efectiva.
“Era importante la incorporación de la mujer, pero no a cualquier costo”, sostuvo.
Según explicó, la discusión debe considerar las condiciones de seguridad, remuneraciones, enfermedades profesionales, ergonomía y características concretas de cada puesto de trabajo.
También cuestionó que las empresas puedan exhibir mayores porcentajes de participación femenina mientras las trabajadoras continúan concentradas en determinadas funciones administrativas o de servicios.
El desafío, planteó, es que puedan ingresar igualmente a operaciones, talleres, conducción de equipos y, especialmente, posiciones de liderazgo y toma de decisiones.
Irrazábal también defendió la necesidad de reconocer diferencias físicas en determinadas labores sin convertirlas en una nueva barrera de exclusión. A su juicio, el diseño de los puestos de trabajo, la mecanización y una adecuada organización de los equipos son fundamentales para evitar lesiones y enfermedades profesionales.
La inclusión, agregó, tampoco puede abordarse únicamente desde las mujeres.
“Ha faltado recalcarle al hombre que la mujer no es una competencia, no es una rival, no le va a quitar la pega. No es su enemiga, es una compañera de trabajo”, afirmó.
Primera mujer en asumir la tesorería de la Federación de Trabajadores del Cobre
Las barreras también estuvieron presentes en el mundo sindical.
Irrazábal llegó como consejera a la Federación de Trabajadores del Cobre y posteriormente asumió la tesorería, convirtiéndose —según relató— en la primera mujer en la historia de la organización en ocupar ese cargo.
La dirigenta reconoció que también allí encontró resistencia.
“Dentro de la Federación, aunque tú no lo creas, todavía existe el machismo”, señaló. Frente a ello, aseguró que su estrategia ha sido demostrar capacidades mediante el trabajo, la innovación y una forma directa de ejercer la representación sindical.
Para Irrazábal, la presencia femenina permite incorporar perspectivas distintas en las organizaciones y anticipar problemáticas que históricamente no estuvieron suficientemente representadas.
“De a poco me he ido imponiendo, innovando y demostrando que nosotras las mujeres somos importantes en la Federación”, sostuvo.
Su trayectoria resume buena parte de la transformación experimentada por la minería chilena: pasó de crecer escuchando que una mujer podía provocar una desgracia si ingresaba a una mina, a trabajar bajo tierra y posteriormente ocupar uno de los principales cargos administrativos de la organización sindical que representa a trabajadores de Codelco.
Aun así, considera que el proceso está lejos de terminar.
“Falta mucho por contar, pero lo importante es que las mujeres seguimos avanzando en la incorporación a la minería para el desarrollo de nuestro país”, concluyó durante su conversación con Radio Madero.



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