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Científica Francisca Roldán advierte “amnesia aluvional” y propone alerta temprana para quebradas de Antofagasta

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La especialista identificó 96 cuencas de distinto tamaño en Antofagasta y advirtió que solo 12 cuentan con obras de mitigación. Además, planteó implementar un sistema de alerta temprana que permita anticipar la respuesta del suelo ante precipitaciones.

por | Ago 22, 2026 | Sociedad

La geóloga e investigadora Francisca Roldán advirtió que Antofagasta continúa expuesta a remociones en masa debido a deficiencias en la planificación territorial, la falta de estudios detallados del suelo y una cobertura insuficiente de obras de mitigación. A su juicio, los recientes eventos meteorológicos volvieron a demostrar que “la tierra deja huellas, pero el problema es nuestra amnesia”.

Roldán, geóloga de la Universidad Católica del Norte y coordinadora de la línea de amenazas por procesos de tierra sólida, sostuvo en entrevista con Madero que los aluviones deben entenderse como desastres socionaturales, ya que sus efectos también están relacionados con decisiones humanas sobre ocupación del territorio, planificación urbana y prevención.

La científica recordó que Antofagasta registra al menos nueve eventos aluvionales identificados. Entre ellos se encuentran los ocurridos en 1930, 1940, 1982, 1987, 1991 y 2015. El episodio de 1940 también golpeó duramente a Tocopilla, donde dejó más de 50 víctimas fatales.

“Me parece que como país no hemos aprendido de los desastres”, afirmó. A su juicio, durante años distintas voces científicas han advertido la necesidad de avanzar en prevención, sin recibir una respuesta suficiente de las autoridades. Precisó que esta falta de atención atraviesa a varias administraciones y no corresponde únicamente a un gobierno.

Planificación territorial entre los principales cuestionamientos

Uno de los principales problemas, explicó, se encuentra en los planes reguladores comunales. Estos instrumentos determinan legalmente dónde se puede construir y deben considerar estudios sobre las distintas amenazas presentes en el territorio. Sin embargo, cuestionó la calidad de algunas delimitaciones y la participación insuficiente de especialistas.

Roldán también criticó la lentitud con que se actualizan estos instrumentos. Indicó que el Plan Regulador Comunal de Antofagasta data de 2001 y solo ha tenido modificaciones puntuales, mientras su actualización integral continúa prolongándose.

Estudio identifica 96 cuencas en Antofagasta

La especialista discrepó además de la cifra oficial que identifica 19 quebradas en la ciudad. Según un estudio reciente desarrollado por ella, Antofagasta posee 96 cuencas de distinto tamaño, considerando macrocuencas, cuencas y microcuencas individuales.

“Generalmente se cuantifican solamente las grandes y eso es un error bastante significativo”, explicó. Roldán sostuvo que incluso las cuencas pequeñas y las laderas pueden activarse durante precipitaciones intensas, especialmente cuando los análisis se realizan con información topográfica de baja resolución.

Actualmente, añadió, existen obras de mitigación en 12 de esas 96 cuencas. Aunque reconoció que Antofagasta cuenta con la mayor cantidad de infraestructura de este tipo en Chile, recalcó que todavía permanecen numerosas zonas sin protección suficiente.

Como medida prioritaria, propuso elaborar mapas de susceptibilidad y estudiar individualmente las características geológicas, geomorfológicas e hidrológicas de cada cuenca. Esto permitiría identificar cuáles presentan mayor riesgo y ordenar las inversiones según criterios técnicos.

Propone sistema de alerta temprana para aluviones

Roldán también planteó implementar un sistema de alerta temprana para aluviones, mediante dispositivos instalados en quebradas que detecten pequeños movimientos de sedimentos, vibraciones, sonidos y niveles de infiltración del suelo. Esa información podría complementar los pronósticos meteorológicos y respaldar oportunamente la activación de alertas SAE.

“Una cosa es el umbral de precipitación y otra es el umbral de respuesta del suelo. Ahí nos quedamos cojos”, señaló. Explicó que cada cuenca responde de manera distinta, por lo que también requiere tiempos de evacuación específicos. Como ejemplo, comparó la cuenca de Roca Roja, con aproximadamente 165 kilómetros cuadrados, y la de Jorgillo, de unos 19 kilómetros cuadrados.

“No podemos decir que siempre tendremos las mismas activaciones”

Finalmente, la científica advirtió que los cursos naturales pueden modificarse por la erosión, los sismos, la radiación solar y la intervención humana. La construcción junto a laderas puede desestabilizar sedimentos y facilitar su desplazamiento incluso frente a lluvias de menor intensidad.

“No podemos decir que siempre tendremos las mismas activaciones”, concluyó Roldán, quien insistió en que la prevención requiere inversión científica, planificación actualizada y especialistas capaces de interpretar las señales que conserva el desierto.

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