Las enormes acumulaciones de ropa desechada en el desierto de Atacama han convertido al norte de Chile en uno de los símbolos más visibles de los impactos ambientales asociados a la industria textil. Frente a este escenario, la diseñadora de vestuario Macarena Ortiz impulsa la reutilización de prendas mediante el upcycling o suprarreciclaje.
Ortiz, creadora de Mioc y de su área educativa Mioclab, explicó que esta técnica consiste en recuperar un objeto o textil existente, transformarlo y entregarle un nuevo valor.
En entrevista con Tu Matinal en Casa, de Plataformas Madero, Macarena Ortiz señaló que cerca de 59 mil toneladas de ropa ingresan anualmente por Iquique, de las cuales solo una parte logra comercializarse, mientras el remanente puede terminar abandonado en el desierto. Además, indicó que fabricar prendas como un par de jeans requiere miles de litros de agua, junto con energía y productos químicos, y advirtió que algunos textiles sintéticos pueden tardar hasta 200 años en degradarse, además de liberar microplásticos durante sus lavados.
“Puedo tomar una chaqueta y convertirla en un bolso, o transformar un pantalón en otra prenda. La idea es darle una nueva vida a algo que ya existe”, señaló la diseñadora, quien también realiza talleres de costura y reutilización textil.
Su acercamiento a esta práctica comenzó durante sus estudios de diseño en Santiago, cuando investigó los impactos generados por la industria de la moda. Posteriormente decidió complementar la creación de prendas con la educación, buscando que más personas aprendieran a reparar y transformar su ropa.
La ropa que dejamos de ver no desaparece
La diseñadora sostuvo que las imágenes de vestuario acumulado en Alto Hospicio resultan especialmente impactantes porque evidencian un problema presente en el propio territorio. “Aunque saquemos la ropa de nuestro clóset, eso no significa que deje de existir. Solo dejamos de verla, pero esa ropa termina en otros lugares”, advirtió.
Según explicó, una parte importante de las prendas importadas que ingresan por Iquique es seleccionada para su comercialización en ferias y tiendas de segunda mano. Sin embargo, aquello que no logra venderse o no reúne condiciones adecuadas puede terminar abandonado en el desierto.
Fast fashion: producir, comprar y desechar cada vez más rápido
Ortiz vinculó esta situación con el modelo conocido como fast fashion o moda rápida, caracterizado por producir grandes cantidades de prendas, en plazos reducidos y a bajo costo, siguiendo tendencias que cambian constantemente.
“Antes teníamos temporadas muy marcadas: primavera-verano y otoño-invierno. Hoy aparecen cosas nuevas todas las semanas. Cuando producir y comprar se vuelve tan rápido, la prenda pierde valor para nosotros”, explicó.
A este fenómeno se suma el denominado ultra fast fashion, impulsado principalmente por plataformas de venta en línea que aceleran todavía más los ciclos de fabricación, comercialización y descarte. Esto favorece un sistema lineal basado en “comprar, usar y tirar”, sin considerar suficientemente la reparación o reutilización.
La diseñadora advirtió que el menor precio de las prendas no implica una reducción de su huella ambiental. Su fabricación continúa requiriendo agua, energía, materias primas y productos químicos, mientras que los textiles sintéticos pueden liberar microplásticos durante el lavado y tardar décadas o incluso siglos en degradarse.
Suprarreciclaje como alternativa
Frente a este escenario, Ortiz llamó a disminuir las compras innecesarias, elegir prendas de mejor calidad, preferir alternativas de segunda mano y revisar lo que ya existe en el clóset antes de adquirir algo nuevo.
También destacó la importancia de leer las etiquetas, ya que estas entregan información sobre la composición de los materiales y las formas correctas de lavado y secado. Un cuidado adecuado, sostuvo, permite prolongar la vida útil de cada prenda y reducir su impacto.
“Lo más sostenible es aquello que ya existe, lo que ya tenemos. El impacto más positivo se produce cuando podemos seguir usando nuestra ropa durante más tiempo”, enfatizó.
A través de Mioclab, Macarena Ortiz desarrolla talleres de costura, reparación y transformación de vestuario, además de pedidos personalizados. Su propuesta busca demostrar que cambiar un cierre, reponer un botón o convertir varias prendas en una nueva pieza también puede contribuir a enfrentar la contaminación textil.



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