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Nuevo régimen de máxima seguridad llega a La Serena para aislar a líderes del crimen organizado

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Complejo penitenciario incorpora módulos especiales para internos de alta peligrosidad vinculados a bandas criminales nacionales y transnacionales

La Serena sumó un nuevo eslabón a la estrategia nacional para enfrentar el avance del crimen organizado. El Ministerio de Justicia y Gendarmería de Chile pusieron en marcha un régimen especial de máxima seguridad al interior del Complejo Penitenciario de La Serena, destinado a albergar a internos considerados de alta peligrosidad y con vínculos comprobados con organizaciones criminales que operan dentro y fuera de las cárceles.

La iniciativa forma parte del plan de fortalecimiento penitenciario impulsado por el Gobierno y busca impedir que líderes de bandas continúen coordinando delitos desde los recintos penales, una preocupación creciente para las autoridades de seguridad pública ante la expansión de estructuras criminales cada vez más sofisticadas y violentas.

La implementación responde también al cambio experimentado por la población penal en los últimos años. De acuerdo con cifras entregadas por el Ministerio de Justicia, el Complejo Penitenciario de La Serena alberga actualmente a 2.691 personas privadas de libertad entre hombres, mujeres y jóvenes infractores. Dentro de ese universo, ha aumentado la presencia de imputados y condenados asociados a delitos violentos, secuestros, extorsiones, homicidios, tráfico de drogas y otras actividades ligadas al crimen organizado.

Los nuevos módulos de máxima seguridad cuentan con capacidad para 100 internos, aunque en esta primera etapa ya registran 44 ocupantes clasificados como de alto riesgo. Se trata de personas identificadas por Gendarmería como potenciales articuladores de redes delictivas o con capacidad de ejercer liderazgo criminal desde el interior de los establecimientos penitenciarios.

Entre los internos segregados existen ciudadanos chilenos y extranjeros vinculados a organizaciones criminales transnacionales, incluyendo integrantes de bandas investigadas por delitos de alta complejidad. Las autoridades han advertido que el crecimiento de estas estructuras delictuales ha obligado a fortalecer las capacidades de inteligencia penitenciaria y los mecanismos de control al interior de las cárceles.

El director nacional de Gendarmería, Rubén Pérez, explicó que el objetivo principal de este régimen es evitar que los líderes criminales mantengan contacto operativo con sus organizaciones en el exterior. Para ello se han implementado medidas de vigilancia permanente, monitoreo reforzado, estrictos controles de visitas y sistemas de segregación que limitan al máximo las interacciones con la población penal común.

Las instalaciones contemplan celdas individuales, circuitos cerrados de vigilancia, controles especiales para las comunicaciones y desplazamientos completamente diferenciados respecto del resto de los internos. El modelo replica estándares que ya funcionan en otros recintos de alta seguridad del país y que han sido reforzados tras el incremento de delitos asociados al crimen organizado.

El ministro de Justicia y Derechos Humanos, Jaime Gajardo, destacó que la estrategia busca recuperar el control efectivo de los establecimientos penitenciarios y fortalecer la capacidad del Estado para enfrentar fenómenos criminales cada vez más complejos. La autoridad subrayó que las cárceles no pueden transformarse en centros de operación para organizaciones delictivas.

La Región de Coquimbo ha experimentado en los últimos años un aumento de investigaciones relacionadas con delitos violentos y organizaciones criminales, fenómeno que se ha observado también en otras regiones del norte del país. En este escenario, el nuevo régimen de máxima seguridad busca transformarse en una herramienta preventiva para contener la expansión de estas redes desde el sistema penitenciario.

Con esta incorporación, La Serena pasa a integrar la red nacional de establecimientos con infraestructura especializada para internos de alta peligrosidad, reforzando una política pública que apunta a aislar a quienes representan mayores riesgos para la seguridad de la población y para el funcionamiento interno de los recintos penales.

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