La llegada del solsticio de invierno volvió a poner en valor las tradiciones de los pueblos originarios en la Región de Coquimbo. En el sector de Las Compañías, en La Serena, una actividad comunitaria reunió a más de 50 familias, educadores, representantes de instituciones públicas y organizaciones territoriales para conmemorar una de las fechas más significativas del calendario indígena: el retorno del sol y el inicio de un nuevo ciclo para la naturaleza y las personas.
La ceremonia se desarrolló entre el 21 y el 24 de junio, período en que diversas culturas originarias del país celebran acontecimientos como el Inti Raymi, el Machaq Mara o el We Tripantu, festividades que coinciden con el solsticio de invierno en el hemisferio sur. Este fenómeno astronómico marca la noche más larga y el día más corto del año, dando paso progresivamente al aumento de las horas de luz solar.
El significado del solsticio de invierno en el norte de Chile
Para los pueblos andinos, el solsticio de invierno representa mucho más que un evento astronómico. Se trata de un momento de renovación espiritual, agradecimiento y reflexión colectiva. Tradicionalmente, esta fecha simboliza el regreso del “Tata Inti” o Padre Sol, cuyo renacimiento marca el comienzo de un nuevo ciclo agrícola, social y comunitario.
En la Región de Coquimbo, donde convergen las culturas Diaguita, Chango y otras identidades indígenas presentes en el territorio, estas celebraciones han cobrado especial relevancia durante los últimos años como parte de los esfuerzos por rescatar y fortalecer el patrimonio cultural inmaterial.
De acuerdo con datos del Censo 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), más de 2,1 millones de personas en Chile se identifican como pertenecientes a algún pueblo indígena u originario, lo que representa cerca del 11% de la población nacional. En la Región de Coquimbo, la presencia de comunidades Diaguitas constituye uno de los principales referentes culturales del territorio.
Una ceremonia centrada en la renovación y el agradecimiento
La jornada estuvo marcada por una serie de actos simbólicos que buscaron representar el tránsito hacia una nueva etapa. Al ingresar al recinto, los asistentes cruzaron un puente especialmente preparado para la ocasión, una acción destinada a dejar atrás las dificultades del ciclo anterior y proyectar nuevos deseos para el período que comienza.
Posteriormente, se realizaron ofrendas de semillas y elementos naturales, acompañadas de rogativas dirigidas a la Pachamama, figura central en la cosmovisión andina. Educadoras de Lengua y Cultura Indígena (ELCI), pertenecientes a las identidades Diaguita y Chango, guiaron las ceremonias utilizando elementos asociados al agua y al fuego, considerados símbolos de purificación y renovación.
Durante la actividad se destacó la importancia de agradecer por los alimentos, la salud, la familia y el equilibrio con el entorno natural, principios que forman parte de la visión ancestral de los pueblos originarios.
Interculturalidad y aprendizaje desde la primera infancia
La ceremonia también permitió reflexionar sobre el papel que cumplen los espacios educativos en la transmisión de conocimientos y tradiciones culturales.
Especialistas en educación intercultural señalaron que acercar a niños y niñas al conocimiento de las culturas originarias favorece el reconocimiento de la diversidad, fortalece el sentido de pertenencia y contribuye a la construcción de una identidad regional más inclusiva.
La Región de Coquimbo ha desarrollado durante los últimos años diversas iniciativas orientadas a visibilizar el legado de los pueblos indígenas, particularmente el patrimonio Diaguita, reconocido por su aporte histórico, artístico y cultural al norte chico chileno.
En este contexto, actividades vinculadas a fechas como el solsticio de invierno permiten generar espacios de encuentro entre generaciones, donde familias, educadores y comunidades comparten conocimientos que han sido transmitidos durante siglos.
Una celebración comunitaria que fortalece las raíces culturales
La jornada concluyó con una actividad participativa en la que los asistentes escribieron deseos y propósitos para el nuevo ciclo en cintas de colores, las cuales fueron amarradas a árboles del recinto como símbolo de esperanza y crecimiento.
Posteriormente, las familias compartieron preparaciones tradicionales y disfrutaron de presentaciones artísticas inspiradas en expresiones culturales andinas, cerrando una celebración que puso de relieve la riqueza multicultural de la Región de Coquimbo.
Más allá de la conmemoración puntual, este tipo de encuentros reflejan el creciente interés de las comunidades por rescatar prácticas ancestrales y transmitirlas a las nuevas generaciones. En una región caracterizada por la diversidad de sus raíces culturales, el solsticio de invierno continúa siendo una oportunidad para reconectar con la naturaleza, valorar el patrimonio vivo y reconocer la importancia de los pueblos originarios en la construcción de la identidad local.



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