Todo comenzó en el patio de una casa de Antofagasta. No había grandes instalaciones, contratos mineros ni desarrollos tecnológicos propios. Había un profesor, padre de seis hijos, cuyo sueldo no alcanzaba y que decidió transformar su afición por la radiocomunicación en una oportunidad.
Así recuerda Marta Aguilera Alderete, gerenta de Innovación de ElectroRAM e integrante de la segunda generación de la compañía, el origen de una empresa regional que en 2026 cumple 39 años.
“Mi papá, con seis hijos y siendo profesor, con un sueldo de profesor no le alcanzaba. Entonces empezó a inventar qué podía hacer”, relató durante su participación en el programa Nosotras Somos Minería, de Plataformas Madero.
Su padre era radioaficionado y comenzó reparando equipos de comunicación. Luego adquirió radios para arrendarlas y poco a poco descubrió que existía un mercado que podía desarrollar.
Primero se sumó su esposa. Después algunos de sus hijos. Con los años llegaron nuevos trabajadores y la pequeña empresa familiar comenzó a expandirse.
De reparar radios a desarrollar tecnología para la minería
Marta Aguilera tomó inicialmente un camino distinto. Es geóloga y desarrolló parte importante de su trayectoria directamente en la industria minera. Trabajó en SQM y posteriormente permaneció durante 11 años en Lomas Bayas.
Recién alrededor de 2018 se incorporó a ElectroRAM para apoyar el negocio familiar.
Hoy la compañía trabaja en tres áreas que Aguilera resume en “seguridad, productividad y conectividad”, prestando servicios principalmente a la minería y, durante los últimos años, también al sector energético.
Uno de sus desarrollos más relevantes es un sistema autónomo móvil de telecomunicaciones, construido por la propia empresa en Antofagasta.
Se trata de carros equipados con paneles solares a los cuales pueden incorporarse sistemas de radiocomunicación, cámaras y otras tecnologías dependiendo de las necesidades de cada operación.
La principal diferencia respecto de una infraestructura convencional es su movilidad. En lugar de instalar sucesivamente grandes torres permanentes, los equipos pueden ser trasladados mediante una camioneta a medida que cambian las condiciones de una faena.
“Cuando las minas se van abriendo, un rajo va perdiendo línea de vista entre una antena y otra. Entonces pones un carro entre medio y lo vas moviendo. Jamás te quedas sin conexión”, explicó.
El proyecto que conectó Patache con Collahuasi
Aguilera destacó como ejemplo una solución implementada para establecer comunicaciones entre el puerto de Patache y una faena de Collahuasi.
Según relató, el proyecto combinó dos torres de telecomunicaciones con cinco carros móviles, evitando multiplicar la construcción de infraestructura fija a lo largo del trayecto.
La solución, sostuvo, permite reducir costos y tiempos de implementación, además de disminuir infraestructura permanente y facilitar la adaptación de las comunicaciones a las necesidades operacionales.
Los equipos también pueden ser utilizados por compañías de exploración que trabajan en zonas remotas, donde disponer de comunicaciones permanentes puede convertirse en un elemento crítico.
Cuando perder señal también es un problema de seguridad
Para ElectroRAM, la conectividad minera no es simplemente un servicio tecnológico. Aguilera sostiene que tiene consecuencias directas sobre la seguridad operacional.
Una comunicación telefónica permite conectar principalmente a dos interlocutores, explicó, mientras que los sistemas de radiocomunicación hacen posible entregar instrucciones simultáneamente a diferentes equipos durante una emergencia.
“Si necesitas movilizar gente para coordinar una emergencia, con la radio puedes hablarle a un montón de personas al mismo tiempo”, señaló.
La misma capacidad repercute en productividad: un jefe de turno puede entregar una instrucción operacional simultáneamente a los trabajadores involucrados, sin depender de comunicaciones individuales.
Innovar desde Antofagasta
Otro de los desafíos abordados durante la conversación fue la dificultad histórica de las empresas regionales para conseguir que las grandes compañías prueben tecnologías desarrolladas localmente.
Para Aguilera, esa barrera ha comenzado a disminuir.
La ejecutiva destacó el respaldo de instituciones como Corfo, ProChile y organizaciones del ecosistema regional de innovación. En el caso de ElectroRAM, aseguró que la empresa ha desarrollado dos innovaciones con apoyo de Corfo, tecnologías que posteriormente han conseguido comercializar con tres compañías mineras.
El desafío, afirmó, sigue siendo ampliar las oportunidades para proveedores y trabajadores de la región dentro de una industria que concentra una parte sustantiva de sus operaciones en el norte del país.
De ser la única mujer en faena a incorporar técnicas a la empresa
La historia de Aguilera también refleja los cambios que ha experimentado la presencia femenina en minería.
Cuando comenzó su trayectoria profesional alrededor del año 2000, recordó, las mujeres representaban aproximadamente el 4% del sector. Durante varios años fue incluso la única mujer trabajando en el rajo de Lomas Bayas.
“Ni siquiera había mujeres en el casino. Entonces era como la niña símbolo de Lomas Bayas”, recordó.
Actualmente, ElectroRAM tiene alrededor de 82 trabajadores, de los cuales aproximadamente 26 son mujeres. Eso equivale, según las cifras entregadas durante la entrevista, a cerca de un 32% de su dotación, no 25% como se estimó inicialmente durante la conversación.
Uno de los avances que Aguilera destaca especialmente ocurrió en el servicio técnico, un espacio tradicionalmente masculinizado. La empresa estableció alianzas con liceos técnicos regionales e incorporó a una joven recién egresada del Liceo A-22, quien fue capacitada por la compañía.
“Uno de mis sueños era poner a una mujer en el servicio técnico y ya llevamos un año con una mujer”, explicó. Hoy, agregó, la trabajadora desempeña sus funciones de manera autónoma en esa área.
El próximo desafío: que el desarrollo minero también quede en las regiones
Después de casi cuatro décadas, la historia que comenzó reparando radios en el patio de una casa plantea ahora una discusión mayor: cuánto del crecimiento de la minería puede transformarse también en desarrollo empresarial, tecnológico y laboral para las regiones donde opera.
Aguilera identifica tres desafíos especialmente relevantes: aumentar la contratación de proveedores locales, fortalecer la empleabilidad regional y avanzar no solo en el ingreso, sino también en la retención de mujeres en la minería.
Es una transformación que ElectroRAM ha experimentado en primera persona. De aquella pequeña oficina familiar fundada en 1987 pasó a desarrollar tecnología propia y soluciones para operaciones de alta complejidad.
Y lo hizo manteniendo su origen en Antofagasta, demostrando que parte de la innovación que necesita la gran minería también puede diseñarse y construirse desde el mismo territorio donde se extraen sus recursos.



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