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De la minería a los cielos: la historia del piloto que lleva 40 años volando desde El Salvador para conectar a sus vecinos

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Llegó a El Salvador en 1978 para trabajar como ingeniero de minas en Codelco y seis años después comenzó su formación aeronáutica. Hoy, a los 72 años, suma más de cuatro décadas como piloto y 26 años ligado a la administración del aeródromo local. Su trayectoria fue reconocida por la Federación Aérea de Chile.

por | Ago 31, 2026 | Sociedad

En medio del desierto de Atacama, donde históricamente las distancias han representado uno de los principales desafíos para sus habitantes, la aviación ha cumplido un importante papel para conectar localidades y acortar los tiempos de traslado.

Parte de esa historia ha sido protagonizada por Óscar Reynuaba, quien lleva más de cuatro décadas vinculado a la aviación desde El Salvador y cuya trayectoria fue reconocida este año por la Federación Aérea de Chile.

Reynuaba llegó a la localidad a comienzos de 1978 para desempeñarse como ingeniero de minas en Codelco. Durante 22 años trabajó en División Salvador, aunque su relación con este territorio terminaría extendiéndose mucho más allá de su actividad profesional.

En 1984 comenzó su formación aeronáutica en el Club Aéreo del Cobre y al año siguiente obtuvo su licencia de piloto. Desde entonces, volar se transformó en una parte fundamental de su vida.

Hoy, a sus 72 años, continúa relacionado con los aviones y con el aeródromo local, cuya administración ha encabezado durante los últimos 26 años.

“Estoy muy agradecido por todo lo que me ha entregado Codelco, tanto personalmente como durante mi etapa de trabajador. También agradezco la posibilidad de administrar el aeropuerto durante estos años y de haber conocido a tantas personas”, expresó.

Un club nacido para enfrentar las distancias del desierto

La historia de Reynuaba está estrechamente relacionada con el Club Aéreo del Cobre, organización fundada en 1959 por profesionales vinculados a la actividad minera de El Salvador.

Su creación respondió a una necesidad concreta: contar con alternativas de transporte más rápidas en un territorio donde las distancias y las limitadas opciones de conectividad podían convertir un desplazamiento en un viaje de varias horas.

Con el paso de los años, el club logró mantenerse gracias al trabajo de sus integrantes y al respaldo recibido desde la comunidad y la empresa estatal.

“El Club Aéreo se debe a la comunidad y a Codelco. La comunidad siempre participó y ayudó de una u otra forma, mientras que el apoyo de la empresa permitió durante años mantener los aviones, adquirir repuestos y renovar la flota”, recordó el piloto.

Para Reynuaba, esa relación permitió mantener una actividad que no solamente respondía a una afición por volar, sino también a las particulares necesidades de conectividad existentes en esta zona del desierto.

Una falla de motor en pleno vuelo

Entre los numerosos vuelos acumulados durante su trayectoria existe uno que permanece especialmente presente en su memoria.

Fue en 2008, cuando trasladaba a dos pasajeros con destino a El Salvador. Mientras se encontraba a pocas millas de Inca de Oro, el motor de la aeronave sufrió una falla total y la hélice se detuvo en pleno vuelo.

Reynuaba debió recurrir inmediatamente a los procedimientos aprendidos durante años de preparación.

“Levanté la nariz, establecí la velocidad de planeo e informé a la torre que tenía una emergencia seria y que aterrizaría en el desierto. Apliqué todo lo que me habían enseñado mis instructores y lo que había aprendido con la experiencia”, relató.

Tras estabilizar la aeronave y evaluar las alternativas disponibles, consiguió realizar un aterrizaje de emergencia sobre la ruta que conecta Inca de Oro con Diego de Almagro.

Los dos pasajeros y el piloto resultaron sin lesiones.

Al día siguiente volvió a volar

La emergencia no significó el término de su historia con la aviación. Por el contrario, Reynuaba decidió volver rápidamente a los controles de una aeronave.

Al día siguiente del accidente realizó un nuevo vuelo, esta vez con destino a Antofagasta.

“Tenía que seguir volando de inmediato. No podía quedarme pensando en lo que había ocurrido”, señaló.

Para el piloto, aquella experiencia reafirmó la importancia de la preparación, los procedimientos de emergencia y los conocimientos adquiridos durante años de actividad aeronáutica.

Reconocimiento después de cuatro décadas en los cielos

La Federación Aérea de Chile entrega distinciones a pilotos que alcanzan determinados hitos de trayectoria aeronáutica, entre ellos los 20, 25, 30, 35 y 40 años de actividad.

Aunque Reynuaba ya acumula 41 años desde que obtuvo su licencia, este año recibió oficialmente el reconocimiento correspondiente a sus cuatro décadas como piloto.

La distinción tiene para él un significado que trasciende su propia trayectoria. Representa también parte de la historia de la aviación civil de El Salvador y de las generaciones que han permitido mantener vigente al Club Aéreo del Cobre.

“Los aviones son los que me mantienen ligado a El Salvador. Este club me apasiona y necesito seguir volando periódicamente. Me gustaría que llegaran nuevos pilotos y que esta historia pudiera continuar”, afirmó.

Después de más de cuatro décadas en el aire, Óscar Reynuaba continúa vinculado al propósito que dio origen al club hace más de seis décadas: acortar las distancias, conectar el territorio y mantener la aviación al servicio de una comunidad ubicada en pleno desierto de Atacama.

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