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Cuidar también es cosa de hombres: la historia de un antofagastino que lleva casi 30 años al cuidado de su madre diagnosticada con demencia

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El testimonio de un cuidador de Antofagasta rompe el estereotipo de que las labores de cuidado son exclusivas de las mujeres. Su historia refleja los desafíos del envejecimiento y la necesidad de fortalecer las redes de apoyo a quienes cuidan.

por | Jun 18, 2026 | Sociedad

El testimonio de un cuidador de Antofagasta rompe el estereotipo de que las labores de cuidado son exclusivamente femeninas. En la región, donde el envejecimiento de la población avanza y aumenta la demanda por personas cuidadoras, especialistas coinciden en que reconocer y apoyar este trabajo es uno de los grandes desafíos del sistema de cuidados en Chile.

Durante décadas, el cuidado de personas mayores, especialmente aquellas que viven con demencia o dependencia severa, ha estado asociado casi exclusivamente a las mujeres. Sin embargo, esa realidad comienza lentamente a cambiar. En Antofagasta, un hombre lleva casi tres décadas dedicado al cuidado permanente de su madre, demostrando que esta labor trasciende los roles de género y requiere formación, compromiso y apoyo familiar.

Se trata de Ismael Olave Blanco, quien actualmente participa en la Escuela de Cuidadores impulsada por el Club Social, Cultural y Deportivo Bienestar de Antofagasta, iniciativa financiada mediante el Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR), orientada a entregar herramientas a quienes cuidan a personas mayores con demencia.

Su historia refleja una realidad poco visible, pero cada vez más presente en Chile.

Un rol que asumió hace casi 30 años

La vida de Ismael cambió radicalmente en 1998, cuando su madre sufrió un accidente cerebrovascular hemorrágico que le dejó importantes secuelas neurológicas.

«Yo dejé toda mi profesión. Soy ingeniero en prevención de riesgos, pero me correspondió asumir el cuidado de mi madre. Era el hijo menor y vivía con ella. Desde entonces han sido casi 28 años dedicados completamente a este rol», relató durante una entrevista radial.

Con el paso del tiempo comprendió que cuidar va mucho más allá de la buena voluntad.

«Si hubiese conocido antes todo lo que estoy aprendiendo hoy, el proceso habría sido mucho más llevadero», explicó al referirse a la capacitación que actualmente recibe sobre demencias, autocuidado del cuidador, movilización de pacientes y estrategias para mantener la autonomía de las personas mayores el mayor tiempo posible.

El cuidado sigue teniendo rostro femenino

En Chile, los datos continúan mostrando una marcada feminización de los cuidados.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Discapacidad y Dependencia (ENDIDE) y antecedentes utilizados por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia para la implementación del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, cerca del 85% de quienes ejercen labores de cuidado no remunerado son mujeres.

La situación también se observa en Antofagasta, donde las organizaciones comunitarias que trabajan con personas mayores señalan que la mayoría de quienes participan en programas de capacitación corresponden a hijas, esposas o nueras que asumen esta responsabilidad.

«Las generaciones anteriores eran muy machistas. Siempre se pensaba que la mujer debía hacerse cargo de la cocina y del cuidado. En mi caso, junto a mi padre asumimos todas esas tareas y nunca vi un problema en hacerlo», comentó.

El envejecimiento plantea nuevos desafíos para Antofagasta

La Región de Antofagasta también enfrenta un progresivo envejecimiento de su población.

Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) basadas en el Censo, el número de personas mayores continúa aumentando en la región, mientras disminuye la tasa de natalidad, una tendencia similar a la que se observa en el resto del país.

Este escenario incrementa la necesidad de contar con cuidadores capacitados para atender enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y otras demencias.

«Hay que aprender a pedir ayuda y también a delegar funciones. No puede recaer todo en una sola persona, porque el desgaste físico y emocional termina afectando al cuidador», sostuvo.

El autocuidado también forma parte del aprendizaje

Uno de los aspectos que más valora de la Escuela de Cuidadores es que no sólo enseña técnicas para asistir a las personas mayores, sino también estrategias para proteger la salud física y mental de quienes cuidan.

«Nos enseñan posturas, ejercicios y cómo evitar lesiones. Mientras mayor es el deterioro de la persona, mayor es el desgaste para el cuidador. Si uno no se cuida, termina enfermándose también», explicó.

Especialistas coinciden en que el síndrome de sobrecarga del cuidador es una de las principales consecuencias de asumir estas responsabilidades sin redes de apoyo, pudiendo generar estrés crónico, ansiedad, depresión y problemas musculoesqueléticos.

Capacitar para cuidar mejor

En la Escuela de Cuidadores participan familiares de personas con demencia y también cuidadores formales interesados en profesionalizar sus conocimientos.

El programa aborda aspectos como primeros auxilios, movilización segura, estimulación cognitiva, comunicación con personas que presentan deterioro cognitivo y herramientas para retrasar la pérdida de autonomía.

«Hay que tomar esto muy en serio. Un cuidador necesita conocimientos de salud, de psicología y hasta de kinesiología. Mientras más preparación tenga, mejor será la calidad de vida de la persona que cuida», afirmó Ismael.

El desafío pendiente: reconocer el trabajo de quienes cuidan

Aunque Chile avanza en la implementación del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, las organizaciones de cuidadores coinciden en que todavía existen importantes brechas en materia de protección social, acceso a descanso, capacitación permanente y reconocimiento económico.

«Esperamos que el Estado sea más partícipe de los cuidadores. Muchos dejamos de trabajar, dejamos de cotizar y hacemos esta labor gratuitamente. Después, ¿Qué pasa con nosotros?», reflexionó al finalizar la entrevista.

Su historia demuestra que cuidar no depende del género, sino del compromiso. En una región donde la población mayor continúa creciendo, visibilizar a hombres que asumen este rol también contribuye a derribar estereotipos y a comprender que el cuidado debe transformarse en una responsabilidad compartida entre familias, comunidades y el Estado.

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