Con la aspiración de convertirse en una de las grandes celebraciones culturales del norte de Chile, el Carnaval Renacer Andino del Sol Minero prepara su quinta versión en Copiapó, una cita que este año se realizará los días 28 y 29 de agosto y que busca unir identidad minera, tradición andina y danza en las calles de la capital regional.
Johsiam Opazo, integrante de la directiva de la agrupación organizadora y parte del equipo encargado del carnaval, explicó en entrevista con Atacama Escucha con Pancho Madero que el nombre de la actividad está directamente relacionado con el peso que tiene la minería para Copiapó y la Región de Atacama.
“Es por el reconocimiento a la minería acá en Copiapó. Por eso también el carnaval se hace en agosto y por eso el nombre, por el renacimiento que le queremos dar a lo que es la minería”, señaló.
La celebración se realiza tradicionalmente durante el último fin de semana de agosto y este año llegará a su quinta versión, consolidando un proceso que, según sus impulsores, ha crecido sostenidamente durante los últimos años.
De dos agrupaciones a cerca de 27
Uno de los datos que mejor refleja esa expansión es la cantidad de conjuntos participantes. Johsiam Opazo recordó que cuando comenzaron a desarrollarse actividades carnavaleras en Copiapó, hace alrededor de 15 años, participaban apenas dos agrupaciones. Para esta nueva versión, en cambio, proyectan la llegada de cerca de 27 agrupaciones. “Hoy en Copiapó al carnaval van a llegar casi 27 agrupaciones”, destacó.
El crecimiento no solo se observa en el número de conjuntos locales. Según el dirigente, a la actividad llegan bailarines desde distintos puntos del país, incluyendo Arica, Concepción y Valdivia, además de integrantes de filiales que viajan especialmente para participar.
Algunas agrupaciones que durante el año funcionan con 40 integrantes pueden llegar al carnaval con 100 o incluso 150 bailarines, precisamente por la llegada de participantes externos.
La aspiración de los organizadores es todavía mayor. “Nuestra meta quizás es superar el carnaval de Arica”, reconoció Johsiam Opazo, tomando como referencia una de las mayores celebraciones andinas del país, donde algunas agrupaciones pueden reunir entre 600 y 700 integrantes y participar cerca de 60 conjuntos.
El objetivo, explicó, no necesariamente apunta únicamente al tamaño, sino a instalar una tradición capaz de convocar cada año a la comunidad.
“Queremos que la gente esté ansiosa a que llegue la fecha y diga: ‘¿cuándo será el carnaval?’. Queremos que cada vez esto sea más grande y que la cultura llegue más a las personas”.
Un nuevo recorrido por Circunvalación
La organización del carnaval implica además resolver una compleja logística urbana. El recorrido ha cambiado durante las distintas versiones en búsqueda de una ruta que permita acercar la actividad a la comunidad sin interferir excesivamente con el tránsito habitual de la ciudad.
Para este año, los organizadores eligieron avenida Circunvalación, iniciando en el sector donde se encuentra el Liceo Tecnológico y avanzando hasta Diego de Almagro, con finalización antes de la rotonda.
“El carnaval es complejo por el tema de las calles, el tamaño de las calles. Ahora este año también está el tema de las micros, que tienen su recorrido y tenemos que tratar de no interferir con ellas”, explicó Johsiam Opazo.
Detrás de esa planificación trabaja un reducido equipo de cinco personas encargado de coordinar la actividad, además de sus funciones dentro de la agrupación.
Trajes, rifas y aportes para financiar la fiesta
Otro de los desafíos es económico. Vestuario, traslados, permisos, producción y logística convierten al carnaval en una actividad de alto costo. Cada agrupación desarrolla distintos mecanismos de financiamiento.
Entre ellos aparecen aportes personales, rifas, platos únicos, presentaciones pagadas, colaboración municipal y eventuales aportes de empresas mineras.
Los trajes representan uno de los principales gastos y sus valores varían considerablemente según el tipo de danza. “Hay unos que son demasiado caros y otros que son un poco más accesibles, que quizás uno con una cuota del bolsillo puede llegar y pagar su traje”, explicó.
Precisamente por ese costo, los organizadores buscan ampliar la participación del sector privado, particularmente de las empresas vinculadas a la principal actividad económica regional. “Queremos llegar a los grandes empresarios, a la minería, para que puedan incentivarse y apoyarnos con esto, porque igual es caro”, sostuvo.
Bailar para desconectarse, agradecer y mantener una tradición
Pero detrás de la producción existe también una dimensión cultural y emocional. Para Opazo, resulta difícil entregar una sola explicación respecto de por qué las personas bailan.
“Cuando uno baila es el momento que espera para despegarse del mundo real, de los problemas, divertirse, compartir y darle alegría a otra persona”, describió.
En otros casos, la danza está vinculada con motivos religiosos y espirituales. Hay quienes bailan como agradecimiento a Dios o a la Virgen, mientras dentro de la tradición andina existen expresiones dedicadas a la Pachamama o al Tata Inti, el Sol.
También están quienes continúan una práctica heredada. “Hay otros que bailan porque su familia bailaba, para seguir la tradición. Hay distintas motivaciones en este mundo”.
En su propio caso, Opazo comenzó a bailar alrededor de los seis o siete años. “Primero me llamó la atención y después, una vez bailando, uno queda enamorado. Uno sigue por el gusto, por cariño a la danza, después va aprendiendo la cultura y cada vez le interesa más”.
La apuesta está en los niños
La transmisión generacional aparece como uno de los principales desafíos para mantener vivo el folclor. La agrupación reúne actualmente a niños, jóvenes y adultos, con integrantes que llegan aproximadamente hasta los 39 años.
Para Opazo, precisamente en los más pequeños está la continuidad de estas expresiones. “En las nuevas generaciones uno tiene que inyectar el folclor”, sostuvo.
Sus propias hijas forman parte de ese proceso y participan de las actividades de la agrupación. A su juicio, una de las principales características de la cultura andina es justamente su dimensión comunitaria.
“Aquí la mayoría de la gente comparte, apoya, se preocupa del prójimo. La cultura andina es súper bonita para la gente que no la conoce. Yo la invito a que vaya conociendo, que se integre, que se meta en este mundo”.
Piden apoyo permanente para consolidar el carnaval
El crecimiento de la actividad también ha abierto una discusión sobre su financiamiento y respaldo institucional. Actualmente el carnaval recibe colaboración gubernamental y municipal, pero sus organizadores esperan avanzar hacia un esquema más estable que permita planificar cada edición sin comenzar nuevamente desde cero.
Opazo planteó que sería importante contar eventualmente con un aporte municipal anual establecido.
“Que nosotros no tengamos que estar prácticamente rogando por plata, sino que nos digan: tengan un aporte anual para que puedan realizar su carnaval y puedan ir creciendo cada vez más”.
También pidió mayor flexibilidad y conocimiento por parte de las autoridades respecto de las actividades asociadas a la cultura andina. Según explicó, todavía existen prejuicios que pueden asociar equivocadamente estas celebraciones con desorden, consumo de alcohol o conflictos.
“Esto es muy distinto. Esto es más que todo alegría, compartir. Nosotros bailamos para la gente”, afirmó. La aspiración final es transformar el Carnaval Renacer Andino del Sol Minero en una fecha incorporada definitivamente al calendario regional.
“La identidad es crecer y que quede establecido el carnaval y que se haga para siempre”, resumió Opazo. Los días 28 y 29 de agosto, Copiapó volverá así a convertirse en escenario de música, trajes y danza andina, con una celebración que comenzó modestamente y que hoy busca transformarse en una nueva expresión de identidad cultural de Atacama.



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