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Apenas al 10% de su capacidad: el alarmante estado de los embalses que tiene en jaque al agro de Coquimbo

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Con la red hídrica al mínimo y Limarí al 6%, científicos del CEAZA aseguran que se requerirán varios inviernos lluviosos para superar la crisis en Coquimbo.

por | Jul 10, 2026 | Sociedad

La Región de Coquimbo continúa enfrentando una de las crisis hídricas más complejas de las últimas décadas. A pesar de que los pronósticos climáticos entregan señales más favorables para este invierno debido al desarrollo del fenómeno de El Niño, los especialistas advierten que el escenario sigue siendo crítico y que las reservas de agua almacenadas en los embalses permanecen en niveles históricamente bajos, comprometiendo tanto el abastecimiento para la agricultura como la seguridad hídrica del territorio.

El más reciente análisis del Centro Científico CEAZA confirma que la crisis responde a un proceso de largo plazo marcado por la megasequía que afecta al Norte Chico desde hace más de doce años. Las precipitaciones registradas durante las últimas temporadas, junto con la escasa acumulación de nieve en la cordillera, no han logrado recuperar las cuencas ni los caudales de los principales ríos de la región.

Embalses alcanzan apenas un 10% de su capacidad

Uno de los indicadores que refleja con mayor claridad la magnitud de la crisis corresponde al estado de los embalses regionales. Según los monitoreos del CEAZA, la red de embalses de Coquimbo mantiene, en promedio, solo un 10% de su capacidad total de almacenamiento.

La situación es aún más preocupante en la Provincia de Limarí, donde las principales obras de acumulación de agua apenas alcanzan un 6% de su capacidad, configurando uno de los escenarios más delicados del país en materia de disponibilidad hídrica.

La Región de Coquimbo cuenta con una red estratégica de embalses destinada principalmente al riego agrícola y al manejo de los recursos hídricos. Entre ellos destacan La Paloma, Recoleta y Cogotí en la cuenca del Limarí; Puclaro en el Valle del Elqui, y Corrales en la Provincia del Choapa. Estas infraestructuras permiten almacenar el agua proveniente del deshielo y de las precipitaciones invernales para distribuirla durante los meses más secos del año.

Sin embargo, la prolongada ausencia de lluvias ha impedido que estos embalses recuperen sus niveles normales, reduciendo significativamente la disponibilidad del recurso para la agricultura, uno de los principales motores económicos de la región.

El Niño entrega una esperanza, pero sin garantías

Pese al complejo escenario, los modelos climáticos internacionales proyectan condiciones algo más favorables para el invierno de 2026.

De acuerdo con el meteorólogo del CEAZA, Tomás Caballero, el fortalecimiento del fenómeno de El Niño en el océano Pacífico aumenta las probabilidades de que las precipitaciones se ubiquen dentro de rangos normales e incluso ligeramente sobre el promedio histórico en parte de la macrozona norte.

No obstante, el especialista enfatizó que esta proyección no debe interpretarse como la certeza de un invierno extraordinariamente lluvioso.

Explicó que la presencia de El Niño incrementa las probabilidades estadísticas de recibir sistemas frontales, pero factores atmosféricos como los bloqueos de alta presión sobre el Pacífico pueden modificar significativamente la cantidad de precipitaciones que finalmente alcance la región.

Por ello, desde el mundo científico llaman a mantener expectativas moderadas y continuar planificando la gestión del recurso hídrico bajo escenarios de incertidumbre climática.

Más de un invierno lluvioso será necesario para recuperar las reservas

Uno de los principales mensajes entregados por el CEAZA apunta a que incluso un año con precipitaciones normales no será suficiente para revertir la crisis.

Según explicó Tomás Caballero, el enorme déficit acumulado durante más de una década ha reducido la capacidad de recuperación natural de las cuencas, por lo que se requerirán varios años consecutivos con precipitaciones sobre lo normal y abundante acumulación de nieve para comenzar a restablecer los caudales de los ríos y los niveles de almacenamiento de los embalses.

Esto significa que, aun cuando las lluvias de este invierno resulten superiores a las registradas en temporadas recientes, sus efectos positivos podrían ser limitados frente a la magnitud de la sequía estructural que afecta a la región.

La infraestructura no es el problema

Frente a las críticas que en ocasiones apuntan a la gestión de los embalses, el especialista aclaró que la infraestructura ha cumplido el objetivo para el cual fue diseñada.

Los embalses almacenan el agua disponible durante los períodos de mayor abundancia y permiten distribuirla de manera regulada durante las épocas de escasez, priorizando el abastecimiento y el uso agrícola conforme a la disponibilidad existente.

El problema, enfatizó, no radica en el funcionamiento de estas obras hidráulicas, sino en la escasez del recurso que ingresa a ellas. En otras palabras, los embalses no generan agua, sino que dependen completamente del ciclo hidrológico natural, el cual permanece profundamente alterado producto del cambio climático y la prolongada disminución de las precipitaciones.

Mientras tanto, la Región de Coquimbo continúa enfrentando uno de los mayores desafíos de su historia reciente: administrar un recurso cada vez más escaso en un contexto donde la recuperación hídrica dependerá no solo de un invierno favorable, sino de varios años consecutivos de condiciones climáticas excepcionalmente positivas.

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