Dignidad laboral, subcontratación, precarización y los efectos que pueden generar la automatización y las nuevas tecnologías en el empleo fueron parte de las preocupaciones que reunieron en Antofagasta a referentes sindicales, trabajadores, académicos y representantes estudiantiles provenientes de distintos puntos del país.
Durante dos jornadas, 183 participantes se dieron cita en la capital regional para el primer plenario, instancia que buscó poner en común problemáticas laborales que atraviesan a distintos sectores productivos y territorios.
Del encuentro surgió el compromiso de elaborar la denominada Declaración de Antofagasta, documento construido a partir de las intervenciones y debates desarrollados durante el plenario y que busca transformarse en una hoja de ruta frente a los cambios que atraviesa el mundo del trabajo.
Fernanda Jiménez, dirigenta sindical vinculada al Centro Integrado de Operaciones (CIO) de BHP, explicó en el programa Nosotras Somos Minería de Radio Madero que la instancia reunió realidades provenientes desde las regiones mineras del norte hasta zonas como Chiloé, además de sectores como la educación y la industria salmonera.
“Había temas y dolores comunes que nos atravesaban, independientemente de la industria o del territorio desde el cual participáramos”, señaló.
Subcontratación y precarización entre las preocupaciones
Uno de los temas que apareció de manera transversal durante las conversaciones fue la subcontratación, junto con las condiciones laborales que enfrentan trabajadores de diferentes industrias.
También se abordaron la agenda gubernamental en materia laboral, la fragmentación sindical y los efectos que puede generar la incorporación de nuevas tecnologías cuando los trabajadores no participan de las decisiones sobre su implementación.
El plenario incluyó exposiciones de cuatro académicos y especialistas, entre ellos el historiador Sergio Grez y la antropóloga social Karina Narbona. Posteriormente, representantes de distintas actividades productivas participaron en paneles y mesas de conversación.
A partir de estas intervenciones se construyó la Declaración de Antofagasta, que posteriormente fue sometida a revisión de las organizaciones sindicales. Los participantes inscritos también fueron convocados a leerla y votarla mediante una plataforma digital antes de su publicación definitiva.
Inteligencia artificial para sistematizar el debate
La tecnología no solamente estuvo presente como uno de los temas de discusión. La inteligencia artificial también fue utilizada durante el propio proceso de construcción de la declaración.
Las intervenciones desarrolladas durante las dos jornadas fueron transmitidas, grabadas e incorporadas a una plataforma donde los asistentes podían entregar sus opiniones en tiempo real.
Posteriormente, ese contenido fue procesado mediante una herramienta de inteligencia artificial para agrupar y organizar las ideas surgidas en torno a materias laborales, normativas y sindicales.
Jiménez explicó que uno de los objetivos fue demostrar que estas herramientas también pueden ser aprovechadas por los trabajadores y sus organizaciones, y no únicamente por las empresas.
La sistematización automatizada fue revisada posteriormente por representantes sindicales. La versión resultante quedó disponible inicialmente para los participantes, quienes debían aprobarla mediante una votación por mayoría simple antes de su difusión pública.
¿Qué lugar tendrán los trabajadores frente a la automatización?
Otro de los principales debates estuvo relacionado con la transformación tecnológica de los procesos productivos y el impacto que puede generar en las condiciones laborales.
Jiménez explicó que el Centro Integrado de Operaciones de BHP permite controlar de manera remota diferentes etapas del proceso minero, desde la extracción hasta la planta desaladora, mediante salas de control que pueden encontrarse incluso a miles de kilómetros de las faenas.
Aunque reconoció las oportunidades que entrega la tecnología para transformar y mejorar los procesos productivos, planteó una mirada crítica respecto de la participación que tienen los trabajadores en estas decisiones.
“La transformación tecnológica se nutre también del conocimiento del trabajador, pero no siempre lo considera al momento de tomar decisiones. Queremos discutir cuál será el beneficio para quienes trabajan y no solamente para el capital”, afirmó.
A juicio de la dirigenta, el desafío no se limita a una eventual desaparición de puestos de trabajo, sino también al riesgo de que las nuevas funciones derivadas de estas transformaciones terminen desarrollándose bajo condiciones de mayor precarización.
Una declaración que surge desde Antofagasta
Pese a que el encuentro reunió experiencias de distintos puntos del país, sus organizadores escogieron Antofagasta como sede por su importancia productiva y por la historia del movimiento de trabajadores del norte.
“Era importante descentralizar el plenario y que desde Antofagasta surgiera una declaración que recogiera la voz de los trabajadores. El norte ha sido históricamente olvidado, pese a su enorme aporte al país”, sostuvo Jiménez.
La dirigenta planteó además la necesidad de superar discusiones limitadas a cada empresa y avanzar hacia una articulación sindical territorial que permita conectar problemáticas compartidas entre trabajadores de distintas industrias.
En esa línea, sostuvo que tanto el Estado como las organizaciones sindicales deberán anticiparse a los efectos que pueden generar la automatización y la inteligencia artificial en el empleo.
“Tenemos una tasa de sindicalización baja y fragmentada. Es necesario organizarnos por territorio, convocar a las bases y construir propuestas que puedan convertirse en políticas públicas”, indicó.
La Declaración de Antofagasta busca convertirse así en una primera hoja de ruta surgida desde el norte, con ejes como dignidad laboral, transición tecnológica, regulación de nuevas tecnologías, subcontratación y fortalecimiento de la organización sindical frente a las transformaciones del mundo del trabajo.



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