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No todas son patas de guanaco: catálogo invita a reconocer las distintas flores que aparecen en el desierto costero

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Añañucas, huillis, lirios, amancay, patas de guanaco y relicarios forman parte de la diversidad floral que puede encontrarse en el desierto costero. La invitación es a aprender a distinguirlas durante los recorridos, fotografiarlas y disfrutar del paisaje sin cortar, arrancar ni pisar la vegetación.

por | Sep 28, 2026 | Cultura y Turismo

Cuando el desierto comienza a llenarse de colores, para muchos visitantes todas las flores pueden parecer parte de un mismo fenómeno.

Pero no todas son iguales.

Detrás de los tonos rosados, amarillos, blancos y violetas existe una diversidad de flores que forman parte del ecosistema del desierto costero y que pueden aprenderse a reconocer durante una visita al territorio.

Añañucas, huillis, lirios, amancay, patas de guanaco y relicarios son algunos de los nombres que aparecen en un catálogo destinado precisamente a acercar esta diversidad a quienes recorren el desierto.

La propuesta es sencilla: antes de limitarse a fotografiar el paisaje completo, detenerse también a observar qué especies están apareciendo frente a nuestros ojos.

El Desierto Florido no es una sola flor

Una de las imágenes más características de las temporadas de floración corresponde a grandes extensiones del territorio cubiertas por flores.

Desde lejos pueden formar verdaderos mantos de color.

Al acercarse, sin embargo, comienza a aparecer otra dimensión del fenómeno.

Las flores presentan formas, tamaños y tonalidades diferentes, y aprender sus nombres permite entender que el paisaje está compuesto por distintas especies.

Entre las mencionadas en el catálogo aparecen las conocidas patas de guanaco, pero también añañucas, huillis, lirios, amancay y relicarios, entre otras.

De ahí que la invitación sea a conocerlas y reconocerlas, transformando una visita al desierto también en una oportunidad de observación.

Mirar antes de tocar

Reconocer las flores tiene además otro propósito: comprender que aquello que aparece a un costado del camino forma parte de un ecosistema que necesita protección.

Por esta razón, la recomendación para quienes visiten sectores donde exista floración es observar y fotografiar, pero no cortar ni arrancar ejemplares.

También se solicita evitar caminar directamente sobre las flores y desplazarse únicamente por sectores habilitados.

Una fotografía permite conservar el recuerdo.

Arrancar una flor, en cambio, significa intervenir directamente sobre aquello que otros visitantes también esperan encontrar y conocer durante sus recorridos.

Del paisaje completo a los pequeños detalles

El catálogo propone así una manera diferente de aproximarse al desierto.

No solamente mirar una ladera cubierta de flores, sino intentar descubrir qué especies forman ese paisaje.

Una añañuca puede convertirse entonces en algo más que una flor de determinado color. Lo mismo ocurre con un huilli, un lirio, un amancay, una pata de guanaco o un relicario.

Aprender sus nombres permite también que niños, familias, turistas y habitantes de Atacama puedan comenzar a reconocer parte de la flora presente en el territorio.

Y esa identificación puede convertirse en una primera herramienta de conservación.

Conocer para cuidar

El llamado asociado al catálogo resume precisamente esa idea: conocer, reconocer y ayudar a cuidar.

Durante los recorridos, la recomendación es mantener una distancia que permita observar las flores sin dañarlas, utilizar los espacios habilitados y privilegiar la fotografía como forma de registrar la experiencia.

Porque detrás de cada imagen del desierto cubierto de colores existen diferentes flores que, muchas veces, pasan inadvertidas para quienes desconocen sus nombres.

Añañucas, huillis, lirios, amancay, patas de guanaco y relicarios son parte de esa historia.

La próxima vez que el desierto se cubra de flores, el desafío puede ser diferente: en lugar de preguntarse solamente dónde está floreciendo, intentar descubrir qué flor tenemos delante.

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