El fotógrafo chileno Francisco Castro Escobar obtuvo el Gran Premio de los Audubon Photography Awards 2026 para Chile y Colombia con una imagen de un tucúquere (Bubo magellanicus) captada en la Reserva Natural Paposo, en la comuna de Taltal, Región de Antofagasta.
El concurso, organizado por Audubon, reconoce anualmente fotografías de aves tomadas en distintos lugares del continente americano y busca destacar tanto el trabajo de los fotógrafos como la diversidad de especies y ecosistemas que existen en el territorio.
En esta edición, la fotografía realizada en Paposo logró sobresalir por su composición, iluminación y por la manera en que el ave aparece integrada a un paisaje que, para muchas personas, puede resultar inesperado: un desierto costero donde la vida logra desarrollarse pese a las condiciones extremas.
La imagen fue captada durante una jornada que comenzó al amanecer. Castro y sus acompañantes recorrieron durante horas distintos sectores del desierto costero hasta encontrar al ave entre los cactus. El resultado fue una escena donde el tucúquere aparece en medio de un entorno marcado por la aridez, las quebradas y una vegetación que sobrevive gracias, en buena parte, a la influencia de la humedad proveniente del océano.
El tucúquere es el búho más grande de Chile y una especie capaz de adaptarse a distintos ambientes. Puede encontrarse desde sectores altoandinos hasta quebradas, bosques y zonas desérticas. Su presencia en Paposo es, precisamente, una muestra de la capacidad de este territorio para albergar biodiversidad en condiciones que a simple vista parecen poco favorables para la vida.
Un desierto que no está vacío
El reconocimiento internacional también permite volver la mirada hacia Paposo, localidad costera perteneciente a la comuna de Taltal y considerada uno de los sectores de mayor interés natural del norte de Chile.
La particular combinación entre el océano Pacífico y el desierto de Atacama genera condiciones ambientales excepcionales. La presencia de la camanchaca, la niebla costera característica de esta zona, aporta humedad a determinados sectores y permite la existencia de vegetación, especialmente en quebradas y laderas.
Cactus, flores silvestres, aves y otras especies forman parte de un ecosistema que muchas veces permanece oculto detrás de la imagen tradicional que existe del desierto nortino.
Porque aunque desde lejos el paisaje pueda parecer completamente árido, basta observar con mayor atención para encontrar una realidad distinta. Hay vida en las quebradas, especies adaptadas a la escasez de agua y pequeños espacios donde la vegetación logra desarrollarse gracias a las condiciones particulares del litoral.
Más allá del premio obtenido, la imagen permite mostrar una parte de Antofagasta que no siempre aparece cuando se habla de la región. La actividad minera, la infraestructura portuaria y el crecimiento urbano son elementos fundamentales de la identidad regional, pero no son los únicos.
También existe un patrimonio natural que puede convertirse en una fuente de conocimiento, educación, turismo y orgullo local.
Reconocer lo que existe también ayuda a protegerlo
Que un espacio natural de la región sea destacado en un concurso internacional puede contribuir a generar interés por estos territorios, especialmente entre quienes buscan experiencias vinculadas al turismo de naturaleza, la observación de aves y la fotografía de vida silvestre.
Los ecosistemas costeros del norte son particularmente sensibles y su conservación depende, entre otros factores, de evitar intervenciones que puedan alterar los lugares donde habitan las especies. El tránsito irresponsable de vehículos, la extracción de flora, la basura y la perturbación de sectores utilizados por la fauna pueden afectar ambientes que muchas veces parecen resistentes, pero que son extremadamente delicados.
Por eso, reconocer la biodiversidad local no debería quedarse únicamente en celebrar una fotografía.
Aprender a mirar el territorio de otra manera.
En una región acostumbrada a hablar de sus recursos minerales, de sus grandes proyectos y de su desarrollo industrial, imágenes como la del tucúquere de Paposo permiten recordar que existe otro patrimonio que no se extrae del suelo y que tampoco se puede reemplazar una vez perdido.
Es la flora que aparece después de la camanchaca, las aves que habitan las quebradas, los cactus que sobreviven en medio de la aridez y los paisajes que durante generaciones han formado parte del territorio.
El premio obtenido por esta fotografía funciona así como una ventana hacia una Antofagasta menos conocida, pero no menos valiosa.
La fotografía fue reconocida oficialmente el 2 de septiembre de 2026 y la ubicación consignada por Audubon corresponde a la Reserva Natural Paposo, en la Región de Antofagasta. Un reconocimiento que, más allá del orgullo por el trabajo de un fotógrafo chileno, vuelve a poner en el mapa internacional a un rincón de la región donde el desierto demuestra que, incluso en uno de los lugares más áridos del planeta, la naturaleza siempre encuentra una forma de hacerse visible.



0 comentarios