El ecosistema del norte chileno, tantas veces golpeado por la crudeza del clima y la incesante presión de las industrias extractivas que operan en sus márgenes, se convirtió esta semana en el escenario de un verdadero milagro de supervivencia y conservación biológica. Los flamencos andinos (Phoenicoparrus andinus), catalogados formalmente como una de las especies más vulnerables de todo el hemisferio sur, lograron concretar uno de los ciclos reproductivos más esperanzadores y exitosos registrados en los últimos años en el territorio nacional.
Este hito de la biodiversidad local no solo enciende una luz de esperanza para el resguardo de la fauna silvestre, sino que funciona como una potente crítica social respecto a la fragilidad con la que el Estado chileno protege sus reservas naturales más complejas, forzando a repensar el valor estratégico de los santuarios de altura antes de que la alteración humana de los acuíferos vuelva irreversible la extinción de estas especies andinas.
El hallazgo científico se consolidó en la Región de Atacama, específicamente en la Gran Laguna del Humedal Salar de Maricunga, un ecosistema estratégico de alta fragilidad ubicado a una altitud de 3.765 metros sobre el nivel del mar. De acuerdo con los reportes entregados por la Corporación Nacional Forestal (Conaf), el seguimiento tecnológico sostenido mediante el uso de drones permitió constatar que las aves superaron con éxito las complejas y consecutivas etapas de construcción de nidos, apareamiento, incubación y eclosión.
Este triunfo de la vida silvestre cobra una relevancia dramática al contrastarse de forma directa con el absoluto fracaso ecológico vivido en la temporada anterior (2024-2025), período oscuro en el cual más de 1.500 huevos fueron masivamente abandonados por las bandadas debido a las severas perturbaciones ambientales y climáticas, desnudando la extrema sensibilidad de este hábitat altiplánico ante cualquier alteración de su entorno.
Las cifras de la reconstrucción y el costo de la supervivencia en la cordillera
Los datos duros recopilados durante la temporada reproductiva 2025-2026 dan cuenta de un minucioso esfuerzo de resiliencia animal en las alturas de Atacama. El censo aéreo de Conaf contabilizó un total de 1.964 nidos construidos y reconstruidos laboriosamente desde su base por las parejas de flamencos, logrando garantizar la sobrevivencia final de casi 800 polluelos en etapa de volantones. Sin embargo, la dureza del entorno cordillerano y los factores de selección biológica también cobraron su cuota de pérdida en el salar, registrándose durante el monitoreo técnico un total de 683 huevos que no lograron eclosionar, sumado a la muerte de 41 polluelos y siete ejemplares adultos durante el desarrollo del ciclo reproductivo.
“Un ecosistema estratégico ubicado a 3.765 metros de altitud”, definió rigurosamente el director de Conaf en la Región de Atacama, Mauricio Sepúlveda Marklein, al relevar la importancia de resguardar este humedal frente a las presiones externas, asegurando que los 780 polluelos andinos registrados en la temporada fueron guiados de forma permanente por un grupo de 28 adultos encargados de enseñarles diariamente las prácticas críticas de alimentación, protección frente a los fuertes vientos y destrezas esenciales de vuelo.
La migración invernal y la urgencia de justicia ecológica transfronteriza
Con la llegada del pleno invierno y el descenso extremo de las temperaturas en la alta cordillera, la totalidad de los flamencos volantones se retiró de manera coordinada de los humedales de la Región de Atacama. Las jóvenes aves iniciaron su proceso de migración estacional hacia territorios de menor altitud distribuidos entre los límites geográficos de Chile y Argentina con el fin de alimentarse y fortalecer sus estructuras sociales, proyectándose su retorno masivo a las alturas de los Andes para el próximo mes de noviembre.
Esta dinámica migratoria transfronteriza deja en evidencia que la conservación de la fauna del Norte Grande no puede depender de esfuerzos aislados ni de fronteras políticas, exigiendo la articulación de políticas internacionales robustas de justicia ecológica y resguardo hídrico.
La exitosa temporada en el Salar de Maricunga debe ser leída por las autoridades regionales y los ministerios del ramo no como un logro consolidado del cual jactarse, sino como una advertencia urgente sobre la responsabilidad estatal en la protección del agua en zonas mineras.
La supervivencia de los flamencos andinos está indisolublemente ligada a la mantención de los niveles hídricos de las lagunas altiplánicas; permitir el avance desmedido de proyectos industriales que amenacen con secar estas cuencas estratégicas sería firmar la sentencia de muerte de un milagro biológico que hoy, contra todo pronóstico, ha vuelto a pintar de rosa los cielos de Atacama.



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