Desde Copiapó hasta Japón. El recorrido de Camilo Zenteno no se construyó siguiendo el camino habitual del deporte profesional chileno. Sin radicarse en Santiago y levantando su carrera desde una región donde las oportunidades competitivas son menores, el kickboxer atacameño ha conseguido abrirse espacio en circuitos nacionales e internacionales.
Tiene 34 años y comenzó en las artes marciales cuando apenas tenía 10. Son 24 años entre entrenamientos, victorias, derrotas, viajes y combates que lo han llevado a competir en Chile, Brasil, Argentina y Japón.
Hoy se define como peleador profesional de kickboxing, campeón nacional e internacional y asegura que en 2025 alcanzó uno de los hitos más importantes de su trayectoria al conseguir un título en Osaka, Japón.
Pero su próximo objetivo está todavía más arriba y lo aborda en el programa Atacama Escucha con Pancho Madero.
“Ya es la cuarta vez que voy”, relata sobre sus incursiones en Japón. Su propósito ahora es continuar sumando combates, hacerse un nombre dentro del circuito nipón y conseguir la posibilidad de disputar un nuevo título.
Una carrera construida lejos de Santiago
La historia de Zenteno también expone una de las dificultades que enfrentan los deportistas de regiones cuando intentan ingresar al alto rendimiento.
Aunque nunca abandonó Copiapó, reconoce que buena parte de su carrera competitiva debió construirla en Santiago. “Todo pasa en Santiago”, sostiene.
La fórmula para avanzar fue sencilla de explicar, pero mucho más difícil de ejecutar: estar preparado cada vez que apareciera una oportunidad.
Zenteno recuerda peleas que surgieron porque otro competidor se retiró, desafíos contra rivales que otros no querían enfrentar y viajes realizados prácticamente como una apuesta por seguir creciendo.
“Las oportunidades no van a llegar a la puerta de tu casa, uno tiene que salirlas a buscar”, resume.
Esa disposición incluso lo llevó a aceptar el desafío de enfrentar a un peleador profesional radicado en Canadá que, según recuerda, acumulaba más de un centenar de combates y permaneció en Chile durante la pandemia.
Cuando preguntaron quién estaba dispuesto a enfrentarlo, Zenteno levantó la mano.
“Amo Copiapó, amo Atacama”
El crecimiento internacional podría plantear una pregunta evidente: ¿para avanzar definitivamente en su carrera tendría que abandonar Copiapó?
Su respuesta es categórica. “No”.
Zenteno asegura que no está dispuesto a sacrificar lo construido durante años en Atacama por los años que todavía le quedan como competidor profesional.
“Amo mi tierra, amo Copiapó, independiente de que algunos dicen que no es bonito. Amo Atacama”, señala.
Hay además otra razón. Paralelamente a su carrera como peleador, Zenteno desarrolló su propia academia. Lleva alrededor de 12 años formando deportistas y actualmente trabaja con alumnos que comienzan a avanzar hacia el nivel semiprofesional y profesional.
Algunos incluso son becados por él. Su apuesta es que el camino internacional que tuvo que abrir prácticamente desde cero pueda ser recorrido en mejores condiciones por quienes vienen detrás.
Entre la ingeniería y el ring
Antes de dedicarse completamente al deporte, Zenteno también buscó un camino profesional más convencional. Estudió Ingeniería Civil en Metalurgia con una idea concreta: trabajar en el área minera, generar estabilidad económica y mantener las artes marciales como su gran pasión.
Pero llegó un momento en que ambos mundos dejaron de ser compatibles. Cuando un peleador comienza a enfrentar rivales que entrenan dos o tres veces diariamente, explica, mantener una jornada laboral convencional y competir profesionalmente se vuelve extremadamente complejo.
A ello se suma la incertidumbre económica. Un peleador cobra cuando pelea. Entre un combate y otro pueden transcurrir dos o tres meses. “Si tú no peleas, no recibes dinero”, explica.
La salida fue transformar aquello que sabía hacer en una forma de sustento. Comenzó impartiendo clases algunos días y posteriormente amplió los entrenamientos hasta consolidar su propia academia.
Durante la pandemia tomó una decisión que terminó marcando ese camino: frente a la posibilidad de utilizar sus recursos en gastos personales, optó por invertirlos en equipamiento, piso y mejores condiciones para sus alumnos.
El miedo no desaparece
Más de 30 combates después, Zenteno derriba también uno de los mitos asociados a quienes viven permanentemente sobre un ring. El miedo no desaparece.
“Eso de que se te quitan los nervios y que después pierdes los miedos es mentira”, afirma. La diferencia entre aquel niño que comenzaba a competir y el profesional que sube a escenarios internacionales está, según explica, en aprender a controlar esas emociones.
“Los nervios siempre están porque cada pelea es más importante. La diferencia está en cómo tú lo manejas”.También ha perdido. Ha sido noqueado y reconoce haber atravesado momentos que define como “depresiones deportivas”.
Las derrotas, el bajo pago de algunos combates y oportunidades prometidas que finalmente no se concretaron lo hicieron preguntarse más de una vez si valía la pena continuar.
Precisamente allí sitúa una de las principales enseñanzas que le dejaron las artes marciales.“El trabajo es que tú pierdes y vuelves mejor, vuelves más fuerte”.
Para Zenteno, ser un verdadero artista marcial no consiste en permanecer invicto, sino en ser capaz de reconstruirse después de caer.
El último combate no será el final
A los 34 años, Zenteno sabe que el tiempo competitivo tiene límites. Calcula que una carrera profesional de estas características difícilmente se extiende mucho más allá de los 38 o 40 años. Por eso, mientras busca nuevos desafíos en Japón, ya trabaja en la etapa que vendrá después.
Y esa etapa está en Copiapó. Tiene alumnos avanzando hacia el profesionalismo y otros que comienzan a recorrer el mismo camino que él inició hace más de dos décadas. Pero existe una condición que intenta transmitirles: el deporte no puede significar abandonar la educación.
“Siempre les recalco a los chicos que tienen que tener su título universitario. Esa es también mi meta”, sostiene.
Después vendrán los combates. Su mayor aspiración, de hecho, ya no depende exclusivamente de los títulos que pueda conseguir personalmente. “Quiero que mis alumnos lleguen mucho más allá que yo y que después ellos hagan lo mismo con sus alumnos”, afirma.
Camilo Zenteno todavía tiene peleas por delante y Japón aparece como el escenario donde quiere escribir los próximos capítulos de su carrera. Pero mientras busca nuevos cinturones fuera de Chile, en Copiapó ya comenzó a construir algo que pretende sobrevivir a su último combate.
“Estoy forjando mi legado a través de mis alumnos”.



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