Un estudio del Servicio Nacional del Consumidor (SERNAC), realizado en conjunto con el INTA de la Universidad de Chile, reveló que casi el 93% de las personas con restricciones alimentarias por salud señala que el precio es una barrera para acceder a productos aptos para su condición, siendo el gluten el componente con mayor nivel de restricción reportado (70%). Dos mujeres que viven con celiaquía, Bania Rivero y Neim Vargas, relatan cómo ese problema se traduce, todos los días, en una verdadera odisea dentro del supermercado.
El SERNAC, en colaboración con el INTA de la Universidad de Chile, desarrolló la Encuesta sobre Alergias, Intolerancias y Enfermedades Alimentarias 2026, cuyos resultados evidencian brechas de información que afectan a quienes deben cuidar su alimentación por salud. Entre los datos más relevantes, un 92,8% señala que el precio representa una barrera para acceder a productos aptos para su condición, mientras que un 56,7% indicó haber sufrido, personalmente o a través de un integrante de su hogar, reacciones por consumir productos con información incorrecta o insuficiente. El estudio concluye algo que quienes viven con estas condiciones repiten hace años: no es una preferencia de consumo, sino una necesidad real de salud.
La celiaquía es una enfermedad autoinmune en la que el consumo de gluten —presente en el trigo, la cebada y el centeno— daña el intestino delgado. En Chile está regulada por la Ley N° 21.362, que exige un correcto rotulado de alérgenos. Sin embargo, como muestran los testimonios recogidos, la distancia entre la norma y la experiencia en el comercio sigue siendo amplia.
Ser celiaco en Chile
Bania Rivero, quien vive con celiaquía en Copiapó, describe el paso por el supermercado como un ejercicio de paciencia y desconfianza. «Los productos sin gluten son bastante caros. Un fideo normal vale hasta 5000 pesos y uno sin gluten vale 3.000 pesos», relata.
A esa diferencia de precios se suma la falta de opciones en Copiapó, en el mall de la ciudad «no hay ningún lugar que diga menú para celíaco o intolerante», y solo identifica dos locales en toda la comuna donde puede comprar productos aptos, ambos alejados de su domicilio. Rivero también relata el desgaste de explicar su condición una y otra vez: «Uno dice que es celíaco y te miran raro cuando explicas lo que tienes», cuenta.
Neim Vargas, otra vecina también celíaca, coincide en que el mayor obstáculo es la disponibilidad y el costo.
«Es súper complicado encontrar los productos, porque están destinados solamente a ciertas cadenas. Si necesito harina sin gluten, no puedo ir a un almacén cualquiera, tengo que ir a una cadena específica», explica.
Vargas describe además cómo su condición suele minimizarse socialmente: «Para el resto de la gente es casi un capricho no comer ciertas cosas. Si realmente afecta, es un problema de enfermedad, y no se ve de esa forma acá, en Chile, lamentablemente».
Chile: el desorden de los pasillos y la contaminación cruzada
Uno de los puntos que más repite Bania Rivero es el desorden en la distribución de los productos sin gluten dentro de los supermercados, lo que aumenta el riesgo de contaminación cruzada incluso con los envases cerrados.
«Está súper mal distribuido. Hay cosas sin gluten que no deberían estar juntas con las que sí tienen, porque ahí se produce la contaminación cruzada, aunque los paquetes estén cerrados», explica, y agrega que Unimarc es, a su juicio, el que presenta mayor desorganización, mientras que Jumbo y Líder mantienen los productos algo más agrupados.
Esta realidad no es aislada. Según un reportaje de la Universidad de Santiago sobre la vida sin gluten en Chile, entre 100 mil y 200 mil personas viven con esta enfermedad en el país, y un estudio de 2023 reveló que el 80% de los diagnosticados son mujeres.
El reportaje señala que en la Región Metropolitana existen apenas cerca de 15 establecimientos certificados sin gluten, cifra que se reduce drásticamente en regiones, y que muchas familias deben cocinar exclusivamente sin gluten en casa —lo que puede triplicar el gasto en alimentación— para evitar la contaminación cruzada.
La celiaquía en el mundo: cómo se vive en otros países
A nivel global, la enfermedad celíaca afecta entre el 0,7% y el 2,9% de la población, con un promedio cercano al 1%, según el Instituto Dr. Schär, aunque se estima que hasta un 75% de quienes la padecen permanece sin diagnosticar.
El mercado mundial de alimentos libres de gluten, valorado en US$8.120 millones en 2025, crecería hasta los US$18.670 millones en 2034, impulsado por Norteamérica, según Fortune Business Insights. Esa disponibilidad se traduce en mejores condiciones para los consumidores, la plataforma GlutenGo clasifica a países como Australia, España, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Argentina —único sudamericano en esa categoría— dentro del grupo de «alta conciencia» sobre celiaquía, con legislaciones de etiquetado estrictas y marcas certificadas ampliamente disponibles.
Chile no figura entre los países analizados por esa plataforma, un vacío que, a la luz de los testimonios de Bania y Neim, no sorprende, mientras en mercados más desarrollados la oferta sin gluten es amplia y regulada, en regiones como Atacama encontrar un simple paquete de fideos aptos sigue siendo una verdadera batalla.



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