Han visto cambiar las calles, pasar generaciones y transformarse la ciudad. Durante décadas estuvieron allí, formando parte del paisaje urbano de Copiapó, aunque probablemente muchos de quienes diariamente pasaban frente a ellos desconocían cómo llegaron hasta la capital de Atacama.
Los tradicionales relojes SEIKO tienen una historia que se remonta a 1986.
Ese año, la empresa japonesa Hattori Seiko realizó una donación de relojes urbanos que fueron destinados a distintas ciudades chilenas. Entre las localidades beneficiadas aparecen Curicó, Talca, Puerto Montt, Coyhaique, Punta Arenas, Copiapó, Los Ángeles, San Fernando y Temuco.
Casi 40 años después, los ejemplares que permanecen en Copiapó vuelven a ser noticia.
Esta vez no porque estén marcando la hora, sino porque la Municipalidad de Copiapó decidió retirarlos de la vía pública para evaluar cuánto los afectó precisamente aquello que durante años estuvieron encargados de medir: el paso del tiempo.
De Japón a las calles de Copiapó
Los relojes formaron parte de una serie de estructuras monumentales entregadas por Hattori Seiko durante la década de los ochenta, caracterizadas por un diseño que para la época resultaba moderno y futurista.
Copiapó fue una de las ciudades escogidas para recibirlos.
Desde entonces estas estructuras pasaron a formar parte del espacio urbano de la capital regional y permanecieron vinculadas a la imagen cotidiana de la ciudad durante aproximadamente cuatro décadas.
El paso de los años, sin embargo, también significó deterioro.
La situación no es exclusiva de Atacama. Varios ejemplares de aquella misma serie dejaron de funcionar, fueron retirados o requirieron procesos especiales de recuperación en otras ciudades del país.
Ahora Copiapó comienza su propio proceso para determinar si sus relojes pueden tener una segunda vida.
El paso del tiempo alcanzó a quienes lo medían
La Municipalidad de Copiapó retiró las estructuras para realizar una evaluación de sus mecanismos y condiciones estructurales.
Todavía no existe certeza de que puedan volver a funcionar.
El diagnóstico deberá establecer el nivel de deterioro, los trabajos necesarios y, principalmente, si resulta técnicamente factible repararlos y posteriormente reinstalarlos en la vía pública.
El alcalde Maglio Cicardini sostuvo que estas estructuras tienen además un componente relacionado con la memoria de la ciudad.
“Estamos trabajando permanentemente para limpiar, cuidar y hermosear Copiapó. Sabemos que estos relojes son muy queridos por nuestra comunidad y que, después de muchos años sin la atención que merecían, los vecinos quieren volver a verlos en buenas condiciones”, señaló.
“Por eso vamos a retirarlos y evaluar seriamente cómo recuperarlos. Son parte de la memoria de nuestra ciudad y queremos darles una nueva oportunidad”, agregó.
Otros relojes de 1986 ya lograron volver a funcionar
La historia de los relojes SEIKO instalados en Chile ha vuelto a aparecer durante 2026 debido a procesos de recuperación desarrollados en otras ciudades.
En Temuco, por ejemplo, uno de estos ejemplares regresó al centro de la ciudad después de permanecer durante más de dos décadas fuera de su ubicación. Su restauración requirió intervenir un mecanismo fuertemente deteriorado e incorporar tecnología actual para devolverlo al funcionamiento.
En Talca también fue recuperado durante este año un reloj perteneciente a esta serie. Debido a la obsolescencia de sus componentes originales y a la inexistencia de repuestos, técnicos municipales tuvieron que desarrollar una nueva solución electrónica para reemplazar parte del antiguo sistema.
Esos antecedentes muestran también el desafío que podría enfrentar Copiapó: reparar un reloj de aproximadamente cuatro décadas no necesariamente significa encontrar y reemplazar una pieza, porque algunos de sus componentes originales pueden encontrarse obsoletos o fuera del mercado.
Por ahora, el municipio copiapino no ha informado qué intervención requerirán sus ejemplares ni ha confirmado que puedan ser recuperados.
Primero deberá conocerse el resultado de la evaluación.
Después de aproximadamente 40 años ligados al paisaje urbano de Copiapó, serán precisamente sus mecanismos y estructuras los que determinarán si estos antiguos relojes japoneses podrán regresar a las calles y volver a cumplir la tarea para la que llegaron a la ciudad en la década de los ochenta: marcar la hora de Copiapó.



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