El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, destacó la oportunidad que enfrenta Chile ante la creciente demanda mundial de minerales críticos, pero advirtió que contar con grandes reservas de cobre y litio no garantiza por sí solo el desarrollo. En su intervención durante la Cena de la Minería 2026, organizada por la Asociación de Industriales de Antofagasta (AIA), llamó a acelerar las inversiones y convertir el nuevo ciclo del sector en progreso concreto para las comunidades del norte.
La autoridad comenzó su discurso recordando la emergencia provocada por el temporal y los aluviones que afectaron a la Región de Antofagasta, especialmente a Tocopilla. Junto con entregar un mensaje de solidaridad a las familias damnificadas, agradeció el despliegue de las compañías y trabajadores mineros en las regiones afectadas.
“Los primeros que se desplegaron con petróleo, máquinas, palas, ayuda o simplemente con un abrazo fueron los mineros”, señaló, destacando que la resiliencia constituye uno de los principales sellos de las comunidades del norte.
Aprovechar oportunidades antes de que desaparezca
Desde las Ruinas de Huanchaca, el biministro sostuvo que ese lugar representa tanto el pasado productivo de Antofagasta como la necesidad de aprovechar las oportunidades económicas antes de que desaparezcan. Recordó que hace más de un siglo trabajadores, empresarios e inmigrantes levantaron en el desierto ciudades, ferrocarriles, puertos y comunidades vinculadas a la minería.
En ese contexto, afirmó que Chile no puede limitarse a definirse como un país minero, sino que debe actuar como una verdadera potencia mundial del sector. Para ello, enumeró ventajas como las reservas de cobre y litio, el potencial de las energías renovables, la experiencia de los trabajadores y el desarrollo alcanzado por la industria proveedora.
A su juicio, la electrificación, la electromovilidad, los centros de datos y la revolución tecnológica están elevando la demanda de minerales críticos. Sin embargo, advirtió que el país corre el riesgo de perder inversiones frente a competidores que avanzan con mayor rapidez.
“Tener cobre debajo de la tierra no nos garantiza absolutamente nada. Los recursos naturales no producen desarrollo por decreto. Hay que explorar, invertir, construir, innovar y producir”, enfatizó.
Cuestionó extensión de los procesos administrativos
El secretario de Estado cuestionó la extensión de los procesos administrativos que durante años han dificultado la materialización de proyectos. Según explicó, el Gobierno del Presidente José Antonio Kast busca cambiar esa lógica mediante la simplificación de permisos, la recuperación de certezas para los inversionistas y una actitud favorable al crecimiento.
Entre las medidas impulsadas mencionó la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales, la reducción del impuesto corporativo del 27% al 23% y la recuperación de mecanismos de estabilidad para las inversiones de largo plazo. No obstante, planteó que el cambio más importante es la decisión política de volver a recibir positivamente nuevos proyectos.
El ministro subrayó que el desafío no consiste únicamente en exportar más toneladas de cobre, sino en transformar el ciclo minero en empleo, formación y oportunidades para los habitantes de la región. En particular, llamó a conectar las necesidades laborales de la industria con los jóvenes de Antofagasta y Calama.
“No podemos resignarnos a que una región produzca enormes cantidades de riqueza y sus jóvenes miren desde afuera las oportunidades que esa misma riqueza genera”, sostuvo. Para revertir esa situación, propuso mejorar las competencias laborales, aumentar la contratación local y estrechar la relación entre las empresas y las instituciones educativas.
Fortalecer proveedores regionales
Otro de los ejes de su discurso fue el fortalecimiento de los proveedores regionales. La autoridad señaló que Chile ha acumulado conocimientos especializados en el uso de agua de mar, energías renovables, automatización y operación de faenas bajo condiciones extremas, capacidades que pueden transformarse en nuevos productos de exportación.
“Nuestro próximo gran producto minero no puede ser solamente cobre. Tiene que ser también tecnología, ingeniería, innovación y servicios mineros”, afirmó. En esa línea, manifestó su aspiración de ver empresas nacidas en Antofagasta vendiendo soluciones en mercados como Perú, Australia, Canadá, África y Estados Unidos.
También emplazó a las grandes compañías a abrir mayores espacios para probar tecnologías y soluciones desarrolladas por proveedores regionales. Según explicó, estas empresas deben comenzar a ser observadas como potenciales multinacionales chilenas y no únicamente como prestadoras de servicios para las faenas.
La autoridad abordó además la brecha existente entre la riqueza generada por la minería y la calidad de vida de las ciudades productoras. Reconoció que Antofagasta y Calama han contribuido de manera extraordinaria al desarrollo nacional, pero todavía enfrentan déficits en vivienda, seguridad, espacios públicos, conectividad y servicios.
“No puede ser que una familia mire hacia la cordillera, vea una de las industrias más modernas del planeta y sienta que ese progreso pasa por delante de su casa sin entrar a ella”, manifestó.
En ese sentido, afirmó que mejorar las ciudades mineras no solo responde a una demanda de justicia territorial, sino también a una necesidad competitiva. Contar con mejores hospitales, escuelas, viviendas, parques y condiciones de seguridad permitiría atraer talento, retener trabajadores y favorecer la instalación de nuevas familias.
El ministro convocó al Gobierno Regional, los municipios, las empresas, universidades, organizaciones sociales y gremios empresariales a construir una visión compartida para Antofagasta y Calama con un horizonte de 30 años.
Finalmente, invitó a la AIA y al conjunto de la industria a liderar una agenda de largo plazo en inversión, innovación, infraestructura, proveedores, empleo local y calidad de vida, capaz de trascender a los gobiernos.
“No dejemos pasar este ciclo. Hagámoslo juntos”, concluyó, planteando que el éxito de esta etapa deberá medirse por la capacidad de convertir “la riqueza del subsuelo en progreso sobre la tierra” y posicionar nuevamente a Chile como una potencia minera.



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